Diferenciar el milagro de la maravilla en la Edad Media

 Disalvo, S. (2016). Natura litterata. La naturaleza en la poesía hispánica medieval y su contexto latino y románico. Olivar, 17 (26), e011. 

 Varios autores han intentado diferenciar el milagro de la maravilla. Ambos son conceptos fundamentales para la comprensión de la literatura medieval. Recordemos la conocida tripartición de Jacques Le Goff (1978) en mirabilis (maravilloso folklórico o precristiano), miraculosus (maravilloso cristiano) y magicus (diabólico). (Le Goff, Jacques, 1985. Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval, Barcelona: Gedisa. Capítulo “Lo maravilloso en el Occidente medieval”.)

Al estudiar los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, Fernando Baños Vallejo (Baños Vallejo, Fernando, 1997. Prólogo a Gonzalo de Berceo: Milagros de Nuestra Señora, Barcelona: Crítica.), retomando la raíz etimológica común de “maravilla” (<mirabilia) y “milagro” (<miraculum) del verbo latino mirari, también nos recuerda que el término miraculum se reservaba exclusivamente para designar “prodigio de origen divino”.

 A esto se refiere el texto de la Primera Partida alfonsí (Título IV, Ley LXVIa), al establecer:


Quatro cosas ha mester el miraglo pora seer uerdadero. La primera que uenga por poder de Dios e no por enganno... La segunda, que aquella cosa que fiziere, que sea contra natura, assi cuemo resuscitar muerto o andar sobrel agua… (Arias Bonet, 1975: 60)iv

Y la misma sensibilidad se aprecia claramente en las obras alfonsíes plenamente poéticas, como las Cantigas de Santa María, en las que se suele encontrar, ya sea como incipit, rúbrica o estribillo, esta clase de sententiae


Esta Sennor de mesura

f ísica [i.e. “médico”] sobre natura

mostrou e quis aver cura 

d ũa mollér, direi qual,

Que era toda tolleita 

e das pernas encolleita 

(cantiga 179, vv. 10-15; Mettmann, 1988: 192) 

A Reynna en que é comprida toda mesura,

non é sen razon se faz miragre sobre natura. 

5 Olivar, vol. 17, nº 26, e011, diciembre 2016. ISSN 1852-4478 

(cantiga 224, vv. 3-4.; Mettmann, 1988: 289) 

Esta é como un cavaleiro que era mui luxurioso, per rogo que fezo aSanta Maria, 

[ouve] cambiada a natura que nunca pois catou por tal preito 

(cantiga 336, r úbrica; Mettmann, 1989: 178)

Sin embargo, en gran parte del espectro literario de la época –en el que se incluyen muchas de las mencionadas Cantigas de Santa María–, estas categorías nunca quedarán netamente distinguidas. Como explica Marta Ana Diz, retomando las concepciones de San Agustín y los estudios de Bendicta Ward, la naturaleza es “siempre milagrosa”:

La concepción medieval del milagro, cuyas bases quedaron establecidas en la obra de San Agustín (De civitate 21.8.3), revela, al menos en la superficie, una paradoja central: el milagro es acontecimiento simultáneamente extraordinario y natural. 

El poder de Dios se muestra en la naturaleza, siempre milagrosa, y también en hechos que se reconocen más fácilmente como milagros por constituir manifestaciones inusitadas de ese mismo poder. Por eso el milagro no es una transgresión sino más bien una suspensión divina, impredecible, de las leyes de la naturaleza: siendo naturaleza y milagro obras y signos del poder de Dios, no pueden estar en relación de genuina oposición. [...] En el milagro, en cambio, la aparente suspensión de lo natural se presenta como indudable y nunca equívoca porque se proponen como compatibles dos órdenes diferentes de la realidad. (Diz, Marta Ana, 1995. Historias de certidumbre: los Milagros de Berceo, Newark (Delaware): Juan de la Cuesta. p.10)

Esto vale para el milagro, en primer lugar, pero no deja de ser una dimensión válida dentro del universo literario. Los monjes de San Brendano no distinguirían los miracula de cualquiera de las otras mirabilia Dei, excepto, tal vez, por ser producidas a través de la mediación de un santo particular. Y, más allá de la hagiografía, también el concepto de maravilla, en toda la amplia variedad de literatura clerical y cortesana, quedaría afectado por esta visión del mundo.

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