Oración de San Francisco sobre la Virgen

Francisco fija la mirada en la Señora, la confiesa y la saluda: «¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, virgen convertida en templo -hecha Iglesia-, y elegida por el santísimo Padre del cielo, consagrada por Él con su santísimo Hijo amado y el Espíritu Santo Paráclito; que tuvo y tiene toda la plenitud de gracia y todo bien! No ha nacido entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: (...) ¡Salve, palacio de Dios! ¡Salve, tabernáculo de Dios! ¡Salve, casa de Dios! ¡Salve, vestidura de Dios! ¡Salve, esclava de Dios! ¡Salve, Madre de Dios! Ruega por nosotros...» (SalVM; OfP Ant).

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