Cautivados por el transhumanismo

Samuelson, H. T. (2017). Cautivados por el transhumanismo. Perifèria. Cristianisme, postmodernitat, globalització, 4(4).


Hava Tirosh-Samuelson Cautivados por el transhumanismo Peiferia


Concluyendo las reflexiones personales

La tecnología moderna de hecho ha transformado y continuará transformando nuestra vida de maneras numerosase imprevisibles. No debemos rechazar categóricamente estos avances porque muchos de ellos alivian el sufrimiento humano y la miseria. Sin embargo, no deberíamos apoyar ingenuamente todas las tecnologías, ni deberíamos dejar que los científicos determinen nuestro futuro tecnológico.

Más bien, debemos involucrar a teólogos, filósofos, especialistas en ética, historiadores, sociólogos y politólogos en la conversación sobre la tecnología y no tener miedo de un debate sólido. 

De hecho, la tradición judía respeta profundamente el debate y la investigación intelectual como expresión de nuestra espiritualidad y compromiso con la búsqueda de la verdad.

El proyecto transhumanista está equivocado debido a su enfoque mecanicista e ingenieril del ser humano, su obsesión por la perfección entendida en términos de rendimiento y logros en lugar de la integridad moral, y su falta de respeto por el futuro desconocido. El transhumanismo es una visión utópica que,
como todas las utopías, se ha torcido porque cree erróneamente que el ideal es realizable en el presente en lugar de permanecer como un faro para el futuro.

En lugar de la fijación transhumanista de posponer la muerte o trascender la muerte, creo que es más apropiado que los humanos acepten la realidad de la muerte como parte de la estructura misma de la vida humana y dignifiquen la manera como vivimos, como envejecemosy como morimos.

Para vivir con dignidad, necesitamos fortalecer nuestro tejido social en decadencia y permitir que los seres humanos tengan una vida digna y un espacio público digno.

Necesitamos hacer lo que sea necesario para poner fin a la explotación, la pobreza, la violencia y la corrupción, y reactivar la creatividad humana, que a menudo ha sido entorpecida por la tecnología.

Debemos asegurarnos de que nuestros niños y jóvenes crezcan comportándose con dignidad hacia los demás, ya sean padres, hermanos, compañeros, parientes, compañeros de trabajo, desconocidos e incluso
enemigos, e inculcar en los jóvenes las virtudes que hacen posible esa interacción digna, la más importante entre ellas, la virtud de la humildad. Nuestros jóvenes podrán tratar a los demás con dignidad si les enseñamos a tomar en serio el imperativo de la responsabilidad y a actuar en consecuencia, para que no solo se preocupen por sí mismos sino también por los demás, incluidos los seres humanos de generaciones
futuras y otros no humanos.

En cuanto al envejecimiento con dignidad, por mi parte, creo que no debemos esforzarnos en la reingeniería de la biología celular para posponer el envejecimiento indefinidamente; más bien, debemos reconocer la belleza de los procesos de la vida y el ciclo de nacimiento, maduración, envejecimiento y muerte. Comprender el ritmo de la vida humana, vivir con esto y no contra ello es una fuente de sabiduría
que muchos pensadores antiguos, comenzando con Eclesiastés, ya nos enseñaron.

Para envejecer bien y llegar a ser sabios, debemos prestar atención a la sabiduría de los antiguos en todas las tradiciones y en todas las sociedades, y debemos rechazar el culto de la juventud necia. 

Ser joven tiene sus propios méritos, pero estos no agotan el significado de ser humano. Si dedicamos nuestros esfuerzos a envejecer con dignidad, prestaremos atención no solo al control de peso, ejercicio físico y suplementos; sino también a las artes, la sabiduría, las tradiciones y las religiones que nos proporcionan ideas sobre el propósito de la vida humana y su valor inherente. Si convertimos
el envejecimiento con dignidad en nuestro objetivo, no permitiremos que nuestra atención médica se base únicamente en consideraciones financieras de las compañías de seguros, y crearemos instalaciones de atención en las que se tenga en cuenta a la persona completa, no solo al cuerpo material.

Finalmente, dado que la muerte es parte del ciclo de la vida característico de         las criaturas finitas, necesitaremos preocuparnos por la muerte digna, un proceso que la Biblia describe como “ser recogido en la propia familia”. Sí, morir no es bonito, sino un proceso impregnado de dolor, angustia y sufrimiento
que pueden aliviarse mediante cuidados paliativos. Pero el proceso de morir no necesita ser humillante o deshumanizante; si se hace correctamente, como el movimiento de hospicios79 nos ha mostrado, el proceso de morir en sí puede ser digno recordando que estamos tratando con personas cuya vida
narrativa en comunidad está impregnada de significado y ese significado no desaparece cuando las funciones corporales disminuyen o finalmente cesan.

Es la preocupación por el significado lo que cambiará el enfoque de las decisiones al final de la vida, que siempre son difíciles y nunca directas. Sin embargo, el enfoque con significado implica que el marco de las expresiones humanas no puede ni debe dejarse sólo a ingenieros o científicos; debe abarcar otras perspectivas que van más allá de la ciencia, la tecnología y la ingeniería. La ciencia y la tecnología contemporáneas han cambiado nuestra situación ética para siempre, desafiando la dignidad humana.

Con nuevas deliberaciones sobre el transhumanismo, articularemos nuevas ideas sobre el significado de ser humano en el siglo XXI.


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