Dibujando una constelación de sentimientos morales



Maria Orts Garcia1, Dibujando una constelación de sentimientos morales Una visión desde la neuroeducación moral

JONED. Journal of Neuroeducationhttps:// Vol.3 Núm.2 - Febrero 2023



Hoy en día se nos plantea una serie de retos éticos como puede ser la globalización, el aumento de las desigualdades y la vulnerabilidad, el incremento de  la intolerancia y la violencia, el individualismo o la falta de compromiso cívico, entre otros. Estos afectan a la sociedad, en general, pero también a la educación, en particular, ya que inevitablemente dichos retos éticos se convierten en retos educativos. 

Dada esta situación, resulta clave plantearse los valores que sostienen la educación, preguntarse sobre qué tipo de educación queremos y con qué fin educamos. 

La concepción que defendemos es la de fomentar el desarrollo integral de las personas, formando así seres autónomos, críticos y creativos, pero también sintientes y compasivos, pues no podemos descuidar la vertiente emocional. Uno de los grandes hallazgos de la neurociencia es el descubrimiento de la plasticidad cerebral a lo largo de la vida. Se habla de neuroplasticidad para aludir a la capacidad que tiene el cerebro de modificar su estructura o su función como resultado del desarrollo, de la experiencia o de las lesiones. Así pues, partiendo de esta idea base, si el cerebro es un “órgano que se cultiva”1, ¿desde qué perspectiva deberíamos hacerlo? Si nuestro objetivo es forjar la personalidad del alumnado, ¿hasta qué punto podemos educar el razonamiento crítico de una persona? ¿Y su capacidad sintiente? ¿Y la compasiva? En ese sentido, ¿se podrían reeducar los sentimientos morales? 

Una manera de situarnos ante tal panorama es partiendo de la perspectiva de la neuroeducación moral. Esta es una disciplina educativa que aprovecha los conocimientos que nos proporcionan las neurociencias para hacer efectivas las exigencias morales de nuestro tiempo. Es decir, es una disciplina que no descuida la parte emocional ni los valores morales. Por ello, a través de la neuroeducación moral se pueden formar una ciudadanía crítica, creativa, responsable, sintiente y compasiva, capaz de abordar la situación y los retos éticos actuales. 

Con todo esto consideramos que las emociones y los sentimientos están en la base de la conducta moral que nos lleva a actuar de una determinada manera. De ese modo, se puede decir que los sentimientos morales actúan como encargados de mantenernos unidos por un vínculo con los otros. Nos permiten reconocer al otro y que se nos reconozca en igual dignidad y vulnerabilidad humana. Así pues,entendemos que la dimensión afectiva y los lazos afectivos son esenciales parael saber moral y para el reconocimiento del otro.

Nos referimos principalmente a sentimientos y valores como la empatía y la compasión, que, junto con la imaginación moral, son elementos indispensables paratratar de afrontar esos desafíos éticos a los que estamos aludiendo. Pero ¿de qué hablamos concretamente cuando hablamos de ser empático? ¿Es la compasión un sinónimo de empatía? ¿Qué implica esta? ¿La empatía y lástima tienen algún tipo de relación? ¿Es suficiente ser empático para actuar moralmente?

Llegados a este punto empiezan a surgir diferentes elementos que se relacionan entre sí como empatía, compasión, lástima… Por eso me atrevo a hablar de una constelación de sentimientos morales. Pero ¿qué significa esto de la constelaciónde sentimientos morales? Significa que encontramos sentimientos y valores morales que, aunque semejantes, presentan pequeñas diferencias entre sí. Esto no implica una necesidad de etiquetar ni clasificar tales sentimientos y valores, sino que supone clarificar y conceptualizarlos para una mayor comprensión de estos y, por ende, una mayor comprensión del saber moral.

El término empatía se aplica a más de media docena de fenómenos que están relacionados, pero que difieren entre sí. 
Daniel Batson2, psicólogo social, muy acertadamente empezó a visibilizar los pequeños matices entre unos fenómenos y otros. Propone un listado de ocho fenómenos relacionados, pero distintos a la empatía, que podríamos resumir del siguiente modo:

• Conocer el estado interno de una persona. Este se refiere únicamente al hecho de saber qué tiene en mente la otra persona y saber cómo siente.

• Adoptar la postura o hacer coincidir las respuestas neuronales del otro. Consistiría en “reproducir” la expresión del otro.

• Llegar a sentir lo que la otra persona siente. Es la concepción más utilizada para definir la empatía. Aunque en algunas ocasiones se afirma que quien empatiza no siente exactamente la misma emoción, sino una similar.

• Intuirse o proyectarse a sí mismo en la situación del otro. Este haría referencia al estado psicológico de imaginarse en la situación de otra persona.

• Imaginar lo que el otro está pensando y sintiendo, sin necesidad de proyectarse a uno mismo en esa situación.

• Imaginar qué pensaría y cómo se sentiría uno en el lugar del otro. En este caso, contrariamente al anterior, hay una asunción de rol y toma de perspectiva.

• Sentirse angustiado al presenciar el sufrimiento de otra persona. Otros autores lo llaman empathic distress o personal distress. Este estado implica únicamente sentirse angustiado como consecuencia del estado de la otra persona.

• Sentir por otra persona que está sufriendo. Esta vendría a ser una respuesta emocional orientada al otro, provocada por la situación que vive. Se conoce como empathic concern desde la rama de la psicología social, aunque también se le atribuyen conceptos como lástima, conmiseración y compasión.

Como vemos, se distinguen varios fenómenos con implicaciones diferentes. Lo más interesante de ello es que desde la neurociencia se nos explica que cada conjunto de fenómenos presenta una activación cerebral distinta. Esto nos lleva a pensar que, efectivamente, empatía y compasión no actúan como sinónimos.

Los sentimientos morales, como la compasión ética, a pesar de poder estar interiorizados,son educables. La cuestión importante aquí será determinar qué conviene educar y cómo poder explotar el potencial ético y educativo de dichos sentimientos morales.

Referencias

1. Marina JA. El cerebro infantil: la gran oportunidad. Barcelona; Ariel, 2011.

2. Batson CD. These things called empathy: eight related but distinct phenomena. En

Decety J, Ickes W (eds). The Social Neuroscience of empathy (3-16). MIT Press; 2009.

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