María de Cazalla, alumbrada y erasmista





María de Cazalla
Biografía

Antonio Fernández Luzón en Real Academia de la historia


Cazalla, María de. Palma del Río (Córdoba), 1487 – Guadalajara (España), p. m. s. xvi. Maestra espiritual procesada por la Inquisición por alumbrada y erasmista.

Hija de conversos, María de Cazalla casó con un importante burgués de Guadalajara con el que tuvo seis hijos. En esa ciudad se movió dentro del círculo de los Mendoza (marqueses de Santillana y luego duques del Infantado), a cuyo halo protector se acogieron muchos hombres y mujeres espirituales, y conoció a la maestra del alumbradismo, Isabel de la Cruz. María confió sus hijas a Isabel para que las adoctrinase, lo que implicaba un reconocimiento de autoridad, aunque el “camino de perfección” de ambas fuese distinto. En la formación de la que sería “madre espiritual” fuera de los claustros tuvo un papel destacado su hermano Juan de Cazalla —capellán de Cisneros, obispo titular de Vera y autor de Lumbre del alma (1528)—, que la puso en relación con los cenáculos erasmistas de Alcalá. Mujer de sólida cultura, leía en griego la Biblia.

En 1522 comenzó a predicar en Pastrana, enfrentándose a la interdicción que pesaba sobre el acceso de las mujeres al sistema teológico. Sus prédicas, destinadas a divulgar y dar a conocer las Escrituras, iban dirigidas fundamentalmente a auditorios femeninos. Este espíritu “predicativo” e intelectual —que postulaba una aproximación a Dios a través de la palabra y del conocimiento— distanciaría a María de Cazalla del grupo de Isabel de la Cruz y Pedro de Alcaraz, que proponían una vivencia no racional de la religiosidad. No obstante, ambas líderes espirituales estuvieron unidas por el sentido de la libertad, que surgía del amor por Dios. Un amor que liberaba de las ataduras, de la estéril participación en los ritos y ceremonias, de la autoridad clerical y patriarcal, y planteaba la relación con lo divino como una vivencia personal, sin intermediación eclesiástica.

Pese a mantener su adhesión a los postulados esenciales del “dejamiento” o abandono a la voluntad de Dios, María representa un tipo de magisterio espiritual que entronca con la tradición filológica e interpretativa de la Escritura de cuño erasmiano. No sólo había leído las obras de Erasmo (el Pater noster, el Enquiridión y los Coloquios), sino que, como devota del humanista holandés, animaba a sus hijas a que también lo hicieran. Incluso pensó en encargar una traducción de Erasmo para la condesa de Saldaña. Entre sus lecturas favoritas se encontraba, asimismo, el Diálogo de la doctrina cristiana, de Juan de Valdés. Por lo que concierne a las ideas luteranas, es posible que conociese algunas obras de Lutero, a través de su íntimo amigo Bernardino Tovar. En una coyuntura histórica de renovación religiosa, alentada por la falta de conclusión de la reforma eclesiástica institucional, María decidió seguir una nueva vía para servir a Dios desde su condición de casada. Después de que Isabel de la Cruz fuese despojada a finales de 1523 de su estatus de hermana terciaria y arrestada poco después por la Inquisición, María de Cazalla heredará el lugar principal de aquélla en el movimiento de los alumbrados.

Durante el proceso inquisitorial que se siguió contra ella, entre 1532 y 1534, fue acusada de predicar y comentar las Sagradas Escrituras, de dar más autoridad a algunos herejes condenados —como a Isabel de la Cruz— que a san Pablo, de pregonar la superioridad del estado matrimonial sobre la castidad y de compartir con los luteranos el desprecio por los ritos de la Iglesia católica. Después de pasar en la cárcel cerca de año y medio y de sufrir tormento, salió absuelta porque el fiscal no pudo probar su acusación. María de Cazalla, cuya vida espiritual fue el resultado del clima de reforma e innovación que caracterizó la coincidencia del erasmismo, el luteranismo y el alumbradismo, ha sido considerada como heterodoxa desviacionista por la historiografía tradicional, y como una de las principales representantes de la vanguardia espiritual de su época por la historia más reciente.



Bibl.: M. Ortega Costa, Proceso de la Inquisición contra María de Cazalla, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1978; A. Márquez, Los alumbrados, orígenes y filosofía, 1525- 1559, Madrid, Taurus, 1980; M. Andrés, “Los alumbrados de Toledo según el proceso de María de Cazalla (1532-1534)”, en Cuadernos de Investigación Histórica, 8 (1984), págs. 75-81; M. Olivari, “La spiritualità spagnola nel primo trentennio del cinquecento”, en Rivista di Storia e letteratura religiosa, 1 (1993), págs. 175-233; A. Milhou-Roudie, “Hétérodoxie et condition féminine: le cas de María de Cazalla”, en A. Redondo (ed.), Images de la femme en Espagne aux xvie et xviie siècles, Paris, Publications de la Sorbonne, 1994, págs. 269-278; M. L. Giordano, María de Cazalla, Madrid, Ediciones del Orto, 1998; Á. Alcalá, “María de Cazalla. El doloroso precio de la victoria”, en M. E. Giles (ed.), Mujeres en la Inquisición. La persecución del Santo Oficio en España y el Nuevo Mundo, Barcelona, Martínez Roca, 2000, págs. 125-148.



Antonio Fernández Luzón

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