¿En la Iglesia se ha pensado la comunicación?

 

  1. LOS CONTENIDOS TEOLÓGICOS POTENCIADOS POR LAS MEDIACIONES TECNOLÓGICAS DE LA COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL

    Henry Lurbey Hueso

    FUNDACIÓN UNIVERSITARIA LOS LIBERTADORES FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN MAESTRÍA EN COMUNICACIÓN CREATIVA


    ¿En la Iglesia se ha pensado la comunicación? Reflexión conclusiva

    En el contexto eclesial, desde el concilio Vaticano II (1962-1965) con su decreto Inter Mirifica urge la preocupación por usar los nuevos medios de comunicación social: “La Iglesia católica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo para la salvación de todos los hombres, y por ello mismo obligada a la evangelización de toda creatura, considera parte de su misión valerse de los instrumentos de comunicación social para predicar a los hombres el mensaje de salvación y enseñarles el recto uso de estos medios” (Inter mirifica, 1963, p. 269). En los años posteriores, esta preocupación siguió siendo una constante: “El areópago del mundo moderno es el mundo de las comunicaciones, que está unificando a la humanidad y transformándola como se suele decir- en un “aldea global” (Juan Pablo II, 1990).

    En los años posteriores, esta preocupación siguió siendo una constante: “El areópago del mundo moderno es el mundo de las comunicaciones, que está unificando a la humanidad y transformándola como se suele decir- en un ‘aldea global’. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre


53

page53image1642251696 page53image1642252128

Ilustración 23. Un computador haciendo convergencia entre un espacio sagrado, la eucaristía y el creyente. Semana Santa 2020. Archivo propio.

page53image1642268752

todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizás se ha descuidado un poco este areópago: generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio del evangélico y para la formación cristiana, mientras los medios de comunicación social se dejan a la iniciativa de individuos o de pequeños grupos y entra en los programas pastorales solo a nivel secundario. El trabajo en estos medios, sin embargo, no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta “nueva cultura” creada por la comunicación moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes que de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos. Mi predecesor Pablo VI decía que: “La ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo”; y el campo de la comunicación actual confirma plenamente este juicio” (Juan Pablo II, 1990). Juan Pablo II veía con preocupación y esperanza la cultura mediática naciente.

Los avances tecnológicos al servicio de la comunicación seguían su oleada de crecimiento y al interior de la Iglesia católica se continuaba reflexionando sobre este impacto, como lo evidenció el documento de Aparecida hace trece años: “En nuestro siglo tan influenciado por los medios de comunicación social, el primer anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe, no pueden prescindir de esos medios” (CELAM, 2007, p. 247, n. 485). Existe una preocupación constante por conocer, valorar y usar los nuevos lenguajes de la comunicación: “Estar presentes en los medios de comunicación social: prensa, radio y Tv, cine digital, sitios de internet, foros y tantos otros sistemas para introducir en ellos el misterio de Cristo” (CELAM, 2007, p. 248 n. 486).

El primer documento mencionado nace en el marco del Concilio Vaticano II (1962-1965) como una señal de apertura hacia el nuevo mundo comunicacional que se avecinaba. Para el segundo documento propuesto por Juan Pablo II sobre la década de los noventa, ya se hablaba de una cultura de la comunicación que venía avanzando aceleradamente desde diversos frentes (prensa, cinematografía, radio, televisión, fotografía, informática, web, etc). El tercer documento corresponde a la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano (CELAM, 2007) que se desarrolló en Aparecida-Brasil, reflejando la importancia de las mediaciones tecnológicas modernas y la insistencia en conocerlas y usarlas en los contextos eclesiales latinoamericanos.

En estos documentos se constata la preocupación de la Iglesia por insertarse en la cultura mediática en lo largo de la historia contemporánea, con el fin de emplear los medios de comunicación existentes para dar a conocer el contenido religioso de corte cristiano. Además de las catequesis que se han realizado a lo largo de las 54 jornadas de las comunicaciones sociales propuestas por los papas desde 1967 con Pablo VI60, pasando por

page54image1642829184

De que sea plausible afirmar que las mediaciones tecnológicas de la comunicación audiovisual están inmersas en la cultura actual para divertirse, informarse, educarse e incluso orar; además, pueden potenciar los contenidos teológicos de la Iglesia católica apoyando el recurso catequético de hoy para las generaciones de hoy. Esta institución puede recurrir a ellos para formar desde otra perspectiva a los fieles y no quedarse anclada con dispositivos en desuso, instrumentalizando la comunicación, respondiendo preguntas que nadie se hace; así, continuar en su tarea inédita de anunciar la experiencia de sentido que aporta contenido a la fe de los creyentes y continuar en su tarea de renovación eclesial.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Clasificación de valores en Ortega y Gasset

Diferencias y semejanzas entre el Bautismo de Juan Bautista y Jesús