Fraternidad y jerarquía San Francisco

Un modelo para tiempos de crisis
ACTUALIDAD DE FRANCISCO DE ASÍS
Fabrice Hadjadj en Humanitas 64 XVI (2011)



Fraternidad y jerarquía:

Al final de la batalla de Perugia, en que los nobles son expulsados de Asís, se suscribe un pacto con los burgueses de esta ciudad para que tengan cierto poder en el gobierno de ella. Se ve aparecer la palabra “minores” para calificar a los burgueses, siendo los nobles los “maiores”. Los burgueses son ciudadanos menores. Francisco fundará los hermanos menores.

Él se da cuenta de que el dinero permite esa especie de nivelación, crea nuevas desigualdades al tenerlo y es además algo sumamente peligroso, puesto que otorga poder, pero el más efímero posible de los poderes.

 Alguien llega a ser muy rico y luego todo cae, siendo que, por añadidura, puede quedar atado por la fascinación del dinero. 

Cuando la jerarquía eclesiástica ha tendido a convertirse en jerarquía mundana y se ha volcado hacia el dinero, al mismo tiempo que adquirió un mayor poder, se debilitó. Francisco advirtió bien esa fragilidad, reforzada por la lógica del dinero. Por eso, no va a pensar en la nivelación en el ámbito del tener, como lo haría un marxista, sino en una fraternidad en el ser. 

La fraternidad es tener sentido de la paternidad divina. No hay fraternidad sin padre. Es preciso tener cuidado de no caer en la lógica “republicana” de la fraternidad, que desearía que seamos una fraternidad sin padre. Por lo demás, eso no funciona. No se sabe bien lo que puede ser esa fraternidad “republicana” en el lema de Francia. Libertad, sí; igualdad, sí; pero la fraternidad, tal como hoy se entiende (sin paternidad), equivaldría más bien a laicidad. Lo dice San Buenaventura a propósito de Francisco: “De tanto remontarse al primer origen de todas las cosas, concibió para todas ellas una amistad desbordante y llamó hermanos y hermanas a las criaturas, hasta las más pequeñas, porque sabía que ellas y él procedían del mismo y único principio”.

Francisco no es un humanista en el sentido estricto del término. La fraternidad de la cual habla es una fraternidad con todas las criaturas. 

E irá más allá de la “deep ecology”, que habla de fraternidad con los animales y las plantas: para él es también “mi hermano el fuego”, “mi hermano el viento” e incluso “nuestra hermana la muerte”.

 La radicalidad de la fraternidad franciscana es única precisamente porque entiende que nuestro ser es recibido de Dios del mismo modo que cualquier otra criatura y en esa pobreza radical de la criatura. Pero Francisco tampoco va a estar en esa fraternidad informe. Si nuestra fraternidad se constituye a partir de nuestra madre, la tierra, el material informe, todo es entonces igual y entraríamos en la lógica de la “deep ecology” de Peter Singer (movimiento para la liberación animal), que vuelve a crear una jerarquía a partir de la utilidad y llega a sostener, por ejemplo, que una buena vaca lechera es más útil que un discapacitado, que nada puede hacer y solo cava el orificio de la seguridad social. Dicha vaca tendría para Singer una dignidad que puede ser superior a la de esa persona inutilizada. En tal perspectiva, por lo tanto, esa vaca sería también superior a Francisco de Asís, que voluntariamente quiere ser un minusválido, un pobre entre los pobres, y mendigar. Como aquí la fraternidad proviene del Padre ordenador de todas las cosas, va a existir un orden, y la fraternidad no va a estar contra la jerarquía, sino que va a ser repensada de nuevo en la jerarquía de los seres, en mayor profundidad.

Cuando Tomás de Aquino se pregunta si Dios ama igualmente a todas las criaturas, vuelve a la definición de Aristóteles y dice: “Amar es desear el bien a alguien y lo más o lo menos puede darse ya sea en el ámbito del querer (con mayor o menor intensidad) o en el ámbito del bien otorgado (un bien de mayor o menor envergadura)”. A lo que Tomás agrega que hay desigualdad en los bienes que Dios da, pero que eso no significa que cada uno no esté colmado, sino que cada uno se encuentra en un grado diferente al de otro. Por consiguiente, el bien comunicado es desigual. Pero después Tomás va a añadir algo acerca de lo cual Francisco tenía una intuición profunda. Que en el querer de Dios hay un solo acto de voluntad en Él; es el mismo y único amor infinito, lo cual es sumamente asombroso. Hay igualdad en el amor infinito, en su intensidad, pero hay desigualdad por cuanto se da a cada uno según lo que puede y debe recibir. Por ese motivo existimos realmente en un sentido no económico ni ecológico, sino en un sentido creatural, que es ordenado, jerarquizado como algo dado para cada uno de acuerdo con lo que necesita. Eso es fundamental.

Eso rige también para la relación con la jerarquía eclesiástica. A menudo se ha pretendido presentar la fraternidad universal de Francisco en conflicto con el papado. El respeto a los sacerdotes y especialmente al Papa es fundamental en Francisco porque él sabe que los grados de jerarquía son para grados de santidad. En la Iglesia hay una jerarquía, no de poder, sino de servicio. El Papa es el siervo de los siervos de Dios y por consiguiente Francisco muestra que la jerarquía está ordenada a la fraternidad universal y no es una fraternidad proletaria, sometida a una jerarquía de dominio. Se trata de la grandeza de una muy elevada pobreza, receptiva a Dios, corazón de la santidad.

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