El mundo, incluido el Islam, será conquistado únicamente por el Evangelio mediante la caridad, el sufrimiento y la humildad.

ACTITUD PROFÉTICA DE FRANCISCO DE ASÍS
ANTE EL ISLAM

por Giulio Basetti-Sani, OFM

 Selecciones de Franciscanismo, vol. VI, núm. 16 (1977) 93-105]

 A los cristianos que, atemorizados por la presencia de los musulmanes, pensaban en vencer al Islam con la violencia, san Francisco les repite las palabras de Jesús y condena en nombre del Evangelio el es lícito repeler la fuerza con la fuerza, superado por la desconcertante sabiduría divina: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian» (Lc 6,27). San Francisco no admite que estas palabras sean malentendidas: si los musulmanes resultan ser nuestros enemigos, nosotros estamos obligados por el Evangelio a amarlos; él conoce la fuerza de esa sabiduría divina, de la misión salvífica que tiene el dolor y la muerte. Francisco ha de anunciar a todos los hombres la paz y predicar el perdón y el amor hacia los musulmanes. 

Es el polo opuesto de la solución corrientemente adoptada hasta entonces por la Iglesia en su «defensa» frente a la amenaza del poderío musulmán. Consciente del valor de las palabras de Jesús, Francisco no puede considerar a los musulmanes como «enemigos de Cristo»; para él son «hermanos» que es preciso llevar al pleno conocimiento del misterio de Cristo mediante una predicación del Evangelio con el ejemplo y con la palabra, y sobre todo mediante una caridad heroica, capaz de llegar a la entrega suprema del martirio. Este es el aspecto esencial del mensaje profético que dirige san Francisco a la Cristiandad.

En su continua meditación de la Pasión y Muerte de Cristo, él había comprendido que la salvación del hombre había sido fruto de la humillación y del sufrimiento. Es preciso desmentir el gran equívoco de aquellos biógrafos del Santo que presentan su viaje a Egipto como una participación en la Cruzada para «espiritualizarla». ¿Espiritualizar la violencia, que es por esencia la negación del espíritu del Evangelio? ¡No! Dios le había enviado precisamente para lograr que se pusiera fin a las Cruzadas. El mundo, incluido el Islam, será conquistado únicamente por el Evangelio mediante la caridad, el sufrimiento y la humildad. Esto lo repite hoy san Francisco a la Cristiandad del siglo XX.

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