Influencia de la caballería heroíca en San Francisco

 

VIVENCIA PRIMERA DEL ALMA DE SAN FRANCISCO:
CABALLERO - TROVADOR - JUGLAR

por Enrique Rivera de Ventosa, OFMCap

[En Selecciones de Franciscanismo, vol. XXIII, núm. 68 (1994) 291-311]


Caballería heróica.

Simpatiza con este tipo de épica caballeresca

Admira la figura de Carlomagno

Tiene preferencia por la Chanson de Roland que pone ante sus ojos los puntos cardinales de referencia: el emperador - la cristiandad - la traición - la fidelidad.

El emperador Carlos,  viene a ser símbolo del poder humano que preside y defiende la cristiandad.

La cristiandad exige que la fe sea lo primero que hay que confesar y que defender 

El tercer punto cardinal es la traición de Ganelónel que niega  o que fuera traidor. La lealtad y la fidelidad eran virtudes esenciales para los caballeros de la gran hora de Carlomagno. esta no tiene sentido para él.

la fidelidad la expresa san Buenaventura :

«¡Ea, pues, valerosísimo caballero de Cristo, empuña las armas del muy invicto capitán! Defendido con ellas de modo tan insigne, vencerás a todos los adversarios. ¡Enarbola el estandarte del Rey altísimo, a cuya vista cobren valor los combatientes todos del ejército divino!» (LM 13,9).

Francisco fue fiel a Cristo, lo sirve y arrastra a otros en pos de él. en las  Florecillas  dan a continuación el sermón que dirige Francisco a sus caballeros. Les pide servicio a la Iglesia Romana. En esta Iglesia Francisco concretizaba la cristiandad medieval. No porque las identificara sino porque veía en la Iglesia Romana el órgano rector y responsable de aquélla. Del servicio de Francisco a la Iglesia baste recordar el sueño de Inocencio III, que resume la obra eclesial del mismo. Con sus hombros de pobre evangélico sostiene el gran edificio. Lo defiende, no con las armas como el emperador Carlos, sino con su pobreza evangélica.


 Francisco cultiva el ideal caballeresco del culto a la más exigente fidelidad. Vive este culto de fidelidad de un modo especial respecto de la Iglesia, a la que acude en momentos decisivos en busca de protección y a la que sirve con ejemplar desvelo. El título de «sancta Mater Ecclesia», que cariñosamente le otorga, habla mucho de esta su entrañable fidelidad. San Buenaventura recoge su última amonestación, al morir, en la que pide a sus hermanos «fidelidad a la santa Iglesia romana» (LM 14,5). Pero ya en la Regla de 1223, la vigente hasta nuestros días, exige en su última prescripción que la fraternidad tenga un cardenal de la Iglesia que sea su «gobernador, protector y corrector». Funda la motivación de este precepto en la virtud caballeresca de la fidelidad: «Para que, siempre sumisos y sujetos a los pies de la misma santa Iglesia, firmes en la fe católica, guardemos la pobreza y la humildad, y el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que firmemente prometimos» (2 R 12).

Otros dos temas más secundarios es bueno recordar aquí por su posible repercusión en el alma caballeresca de Francisco: las querencias hondas de estos caballeros y la presencia de la mujer.


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