Pervitin, el arma secreta de los nazis

Este es un artículo copiado íntegramente de National Geographic 

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Jueves 19 de mayo de 2022 
Francesc Cervera
Francesc Cervera
Redactor web de Historia NatGeo 

Pervitin, el arma secreta de los nazis

Uno de los aspectos más desconocidos de la Segunda Guerra Mundial es el uso de drogas por parte de la Alemania nazi. De hecho lejos de mantener su supuesta pureza racial alejándose de cualquier vicio, el ejército y el mismo Hitler emplearon una gran variedad de sustancias para mejorar el rendimiento de los soldados y soportar el estrés de las batallas y atrocidades que marcaron este sangriento régimen. De todas ellas ninguna fue empleada tan a menudo y en unas cantidades semejantes como un nuevo tipo de anfetamina sintetizada en 1937: el Pervitin.

Aunque Hitler inició una dura persecución contra los adictos a las drogas cuando tomó el poder en 1933, las necesidades bélicas pronto le llevaron a revisar su política e impulsar la investigación de un nuevo tipo de droga que proporcionara a sus soldados un rendimiento superior.

Irónicamente, fueron los americanos quienes dieron a sus científicos la idea de adaptar las anfetaminas para el uso militar, pues los atletas de su selección las consumieron como estimulante durante las olimpiadas de Berlín del año 36.

Fue así como nació el Pervitin, un tipo de anfetamina que se podía tomar en pastilla, chicle o incluso chocolatina, y que permitía trabajar o combatir durante días sin apenas dormir o comer. Además de mantenerlo a uno despierto, la sensación de euforia que producía convirtió a los soldados nazis en autómatas que no sentían ningún tipo de miedo o remordimiento en campaña, convirtiéndose así en verdaderos robots humanos.

Pervitin, el arma secreta de los nazis.

La primera ocasión en la que se testearon las ventajas del Pervitin fue durante la invasión de Polonia en 1939, cuando se distribuyó por primera vez entre las divisiones panzer para motivar a los hombres en combate. Con una considerable cantidad de anfetaminas en el cuerpo, los tanquistas alemanes cruzaron la frontera y arrasaron las posiciones polacas atacando sin tregua ni descanso, tanto de día como de noche.

El éxito de este primer experimento lo convirtió en un ingrediente indispensable para la invasión de Francia al año siguiente, y generales como Rommel o Guderian repartieron la droga entre sus hombres antes de la gran ofensiva. A lo largo de 17 días, las tropas avanzaron a través de las Ardenas derrotando al ejército francés y aislando a los aliados en Bélgica.

Al cabo de pocos meses el Pervitin hizo su debut aéreo en la Luftwaffe durante la batalla de Inglaterra. Pero estimulados con dosis de metanfetaminas americanas (Benzedrina) los ingleses consiguieron rechazar a los alemanes durante los combates nocturnos sobre los cielos del Reino Unido.

Derrotado en el oeste, Hitler puso sus ojos en la URSS en 1941. Para llevar a cabo la invasión del territorio soviético reunió no solo cuatro millones de hombres en la frontera sino que se preocupó de equiparlos con decenas de millones de pastillas para arrollar al enemigo. Sin embargo los tanques alemanes fueron engullidos por el barro y las inacabables estepas rusas, y sin combustible ni comida fueron eventualmente derrotados por la inmensa masa que formaba el ejército de Stalin.

Con el Reich a la defensiva tras las derrotas de Stalingrado y El Alamein, el Pervitin fue cayendo en desuso, ya que las graves secuelas psicológicas y cardiovasculares que producía agotaban a los nazis en las trincheras y les impedían mantenerse alerta. Pese a ello todavía se usaba en las pocas contraofensivas que la Wehrmacht conseguía montar con sus menguantes recursos.

El último y trágico episodio de la pastilla milagrosa fue la campaña de ataques con torpedos suicida que la marina organizó en 1944. Para mantener despiertos a los tripulantes durante un largo trayecto hacia las bases aliadas, los nazis desarrollaron la infame “droga IX”, una letal combinación de Cocaína, Pervitin, Eukodal y otras sustancias que fue probada previamente con los prisioneros de los campos de concentración.

Tras el éxito de estos brutales experimentos, los torpedos humanos partieron hacia su última misión. Sin embargo, la desorientación que causaba la droga en los marineros llevó a muchos a perderse y desaparecer en el mar sin haber alcanzado sus objetivos.

La derrota definitiva de Hitler al año siguiente no supuso el fin de las metanfetaminas, que evolucionaron en los laboratorios de farmacéuticas y narcotraficantes hasta derivar en multitud de drogas, algunas de la cuales han llegado incluso hasta nuestros días. 

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