¿Cómo se llega a fijar el septenario sacramental?

 Artículo de Emilio Mitre Fernández titulado Los «sacramentos sociales». La óptica del medievalismo en ’. Revista de Ciencias de las Religiones 2014, 19, 147-171


¿Cómo se llega a fijar el septenario sacramental? ¿Qué valoración merece a la luz de la renovación de los estudios sobre Historia de la Iglesia acometida en los últimos decenios?

Estamos hablando de un proceso largo en el que el término sacramento tiene durante mucho tiempo una marcada polisemia. Aparte de gesto litúrgico y religioso la expresión sacramentum tiene un significado más amplio: el de juramento o compromiso. 
Significado que impregna no solo las instituciones religiosas, sino también las civiles. 
En el mundo romano la expresión se aplicaba a ciertas ceremonias consacratorias que acompañaban a los soldados en el momento de su incorporación 26. 
Más adelante, por sacramentum fidelitatis se conocería, dentro de los mecanismo feudales, «la promesa de ser fiel apoyada en un juramento», un «compromiso válido (que) suponía en quien lo concertaba, la libre disposición de su persona»27. 
Para Santo Tomás de Aquino la palabra sacramento en general tenía el significado de «secreto sagrado» que puede ser de Dios, pero también del rey «pues según los antiguos eran santas o sagradas todas las cosas que no se podían violar»28.
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Será con la escolástica cuando se produzca en el occidente europeo el gran avance de la teología sacramental que permitirá fijar el septenario que hoy en día conocemos. 
En lugar de honor quedaría la figura de Pedro Lombardo a mediados del siglo XII con sus Sentencias que constituirían uno de los principales materiales de trabajo del universitario medieval29. 

En el siglo siguiente, serían Santo Tomás con su Suma Teológica en donde los sacramentos, fijados en siete, están «ordenados contra el defecto del pecado»30; o San Buenaventura con su Breviloquium en donde habla de «remedio sacramental» y de integridad de cada uno de los siete sacramentos31.
 La conclusión a la que se llega es que la perfección del hombre y el remedio contra la enfermedad y el pecado constituirán las principales razones para la existencia de esos siete signos32. 

Aproximadamente lo que dirá Alfonso X para quien los siete sacra- mentos nos los dio Jesucristo «porque nos pudiésemos salvar»33.
una consolidación del Septenario sacramental se daría en el II concilio de Lyon de 1274 en el que orientales y occidentales reconocieron el valor de los siete sacramentos tal y como en el presente mantiene la iglesia católica.

 Un acuerdo al que llegaron las sedes de Roma y Constantinopla en el marco de un restablecimiento de relaciones (rotas en 1054) que se reveló efímero.

En 1439, el concilio de Florencia (derivación del de Basilea) recogería un Decreto para la unión con los armenios, inspirado en la doctrina de Santo Tomás en donde se habla de «los siete sacramentos de la Nueva Ley». roma reafirmaba su convicción en cuanto al Septenario aún a costa de marcar distancias con otras tendencias. 

Siglo y pico después, el concilio de Trento no haría más que insistir en esa idea al afirmar que la Iglesia posee un sacerdocio sacramental y siete sacramentos que son los verdaderos medios de la gracia

26 L. Bouyer, Voz «Sacramento», 1977, 590. En el contexto de los mecanismos feudales, ciertos elementos extrarromanos tendrían también una importante influencia en ese mundo de compromisos contraídos. Se relacionaría con la encomendación en la que el juramento se convertía en factor constitutivo de nuevas relaciones sociales. M. P. Miterauer, 2008, 173.

27 Vid. la clásica obra de F. L. Ganshof, 1963, 52-55.
28 Santo Tomás de Aquino, 1957, 23 (3 q. 60. a. 1).
29 P. W. rosemann, 2004.
30 Santo Tomás de Aquino, 1957, 144-145 (3q.65 a. 1). 31 St. Bonaventure, 2005, 211-268.
32 D. Borobio, 2008, 57-64.
33 Las siete Partidas, «Prólogo (Septenario)» t. I, p. 4r.

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