De Versalles al cadalso de Carme Mayans Redactora de Historia National Geographic

 

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Jueves 14 de octubre de 2021 
Carme Mayans
Carme Mayans 
Redactora de Historia National Geographic 

De Versalles al cadalso 

(Este artículo está copiado íntegramente. Es muy interesante)

La reina acaba de escribir su última carta sentada ante la destartalada mesa de su angosta celda de la prisión de la Conciergerie, donde ha sido trasladada desde el Temple tras la muerte de su marido. La mujer envejecida y enferma que levanta su sombría mirada del papel no se parece en nada a la poderosa soberana de Francia que era la envidia de todas las princesas y reinas de la cortes europeas y que fascinó al mundo con su refinamiento y encanto. De hecho, no hace tanto tiempo de aquello, aunque parece que hayan pasado siglos… Ella era María Antonieta de Francia, ahora conocida como la viuda Capeto tras la ejecución de su esposo, el rey Luis XVI, el 21 de enero de 1793. Sabe que va a ser la siguiente. Ha sido condenada por traición y será decapitada ante la mirada de miles de parisinos, sus antiguos súbditos, que la odian profundamente.

Lo siente por sus hijos, a los que deja desamparados, y por su cuñada, mademoiselle, cuyo destino es también incierto. La antigua reina piensa también en su familia austríaca, sobre todo en su madre, la emperatriz María Teresa, quien afortunadamente ya no se encuentra entre los vivos y no podrá ser testigo del triste y patético final de su hija... También dedica un pensamiento a los hombres a los que amó. Su esposo, el rey Luis, a quien siempre profesó un profundo cariño, pero sobre todo piensa en su queridísimo Axel, el conde sueco que lo ha intentado todo para sacarla de prisión, para salvarle la vida, sin éxito. El ruido de la puerta de su celda al abrirse la saca de su ensimismamiento. Vienen a cortarle el cabello para que no moleste cuando caiga la cuchilla sobre su delicado cuello. Su hermoso cabello, sobre el que había llevado tocados imposibles. No importa. De hecho, ya nada importa…

El próximo 16 de octubre se cumplen 228 años de la decapitación de María Antonieta, un acontecimiento que tuvo lugar en el año 1793 en la actual plaza de la Concordia, entonces llamada plaza de la Revolución, en París. La reina tenía solamente 37 años, pero aparentaba muchos más. El sufrimiento y la enfermedad hicieron estragos en su cuerpo. Ella, que había sido considerada en su juventud una de las princesas más bellas de Europa se había convertido en una mujer escuálida y triste. Al final, la reina que ha pasado a la historia como paradigma de la frivolidad, mostró bastante estoicismo a la hora de morir, aunque no se dirigió al nutrido público que había acudido a presenciar su ejecución como si de un gran espectáculo se tratara, algo que sí había hecho su esposo Luis XVI. Cuando la cuchilla cayó, inmisericorde, la cabeza de María Antonieta fue mostrada a los asistentes, que expresaron ruidosamente su entusiasmo, con estruendosos vítores, e incluso algunos de ellos, en un arrebato de superstición, mojaron sus pañuelos en la sangre derramada de la reina, convencidos de que les daría suerte.

Antes de este truculento final, la vida de María Antonieta en la corte de Versalles giraba en torno al lujo y la sofisticación. Casada con el delfín de Francia cuando tenía 14 años, la joven princesa austríaca, tras un arduo proceso de adaptación a su nueva vida, se convirtió en la mujer más admirada (aunque también más odiada) de su nuevo paísElla dictaba el ritmo de la moda y las tendencias. Los peinados de la reina se hicieron famosos en toda Europa: altos como torres, adornados con plumas y lazos elaborados por su peluquero Jean-François Autié… María Antonieta era el centro de las miradas, la animadora de las fiestas, la guinda del pastel. Cuando una vez cambió de estilo y dejó de lado los recargados vestidos de corte diseñados por la modista Rose Bertin por un vestido de muselina blanca causó un gran escándalo y fue diana de todas las críticas. Está claro que una cosa sí conseguía la reina: que siempre, aunque fuera mal, se hablara de ella.

Justamente con ese sencillo vestido de muselina blanca retrató a María Antonieta en 1783 su amiga la pintora Elisabeth Vigée-Lebrun. En ese retrato, la reina aparece mirando fijamente al espectador, tocada con un sombrero decorado con plumas y esbozando una media sonrisa, ajena por completo a lo que iba a suceder una década más tarde. Más de treinta veces retrataría Vigée-Lebrun a la soberana, aunque nunca más de un modo tan informal, con un atuendo que llegó a ser considerado absolutamente inadecuado para una reina de Francia. Tanto, que el retrato tuvo que ser retirado del Salón de París, donde estaba expuesto.

"La austríaca", como era llamada despectivamente por sus detractores, acuñó fama de derrochadora desde que llegó a la corte francesa(de hecho, no podemos negar que se la había ganado a pulso) en un tiempo en que el pueblo de Francia pasaba innumerables penurias. Tal era esa fama que incluso cuando al parecer era inocente se la culpó de ciertos asuntos turbios. Como en el caso del llamado escándalo del collar, una estafa de la que fue víctima el cardenal de Rohan, que tuvo lugar en 1785 y que hundiría totalmente la reputación de la reina (o lo que quedaba de ella). El nombre de la soberana fue usado sin que ella lo supiera para comprar un valioso collar compuesto por 647 diamantes, de hecho la joya más cara de Europa. Ella no lo compró, pero nadie la creyó. Su honorabilidad y la de la dinastía saltaron en pedazos para siempre ante sus súbditos. Las bases para la Revolución que estaba por llegar se habían plantado y estaban dando sus frutos.

Así, el 6 de octubre de 1789 el palacio de Versalles fue tomado por una airada multitud, por lo que se decidió que para salvaguardar la seguridad de la familia real esta sería trasladada al palacio de las Tullerías, en pleno centro de París. Recluidos en sus aposentos, el rey, la reina y sus hijos se vieron privados incluso de libertad de movimientos. Alarmados, muchos de sus simpatizantes les recomendaron huir del país. Al final, y pese a las muchas dudas que le asaltaron, en 1791 el rey aceptó escapar, y con la inestimable ayuda del conde sueco Axel Von Fersen, el amigo especial de la reina, se trazó un plan de huida que acabó fracasando cuando fueron interceptados y reconocidos (hay que decir que no fueron demasiado discretos) en la población de Varennes. De vuelta a París, la reclusión se volvió más dura aún si cabe. Y el 10 de agosto de 1792 el palacio de las Tullerías fue asaltado y la familia real detenida y encerrada en el Temple. La monarquía había muerto y había nacido la república.

Hemos empezado estas líneas haciendo referencia a los hombres a los que María Antonieta posiblemente había amado, y hemos mencionado varias veces al conde Von Fersen. Ahora, las modernas tecnologías han arrojado nueva luz sobre una de las relaciones que más ríos de tinta ha hecho correr desde hace más de doscientos años. La que mantuvieron la reina María Antonieta y el conde sueco. Los investigadores franceses que han estudiado las cartas que la pareja intercambió en los duros años anteriores a la detención de la familia real, entre 1791 y 1792, han desvelado en un estudio publicado en la revista Science Advances algunas frases que fueron tachadas y censuradas (¿por quién?) y que, al parecer, no dejan lugar a dudas sobre el carácter de la misma. Las expresiones "tierno amigo" y "os amo con locura" escritas por la reina de Francia a su amigo parecen dejar bastante claro que no se trató de un amor platónico, como se ha mantenido en numerosas ocasiones. ¿O tal vez sí? Las interesantísimas conclusiones a que llega este minucioso estudio (y que no vamos a desvelar aquí) seguro que no dejarán a nadie indiferente. Tal vez nos ayuden a conocer mejor qué sentimientos se escondían en el interior de la reina. No tenemos muchas oportunidades de saber cómo pensaban aquellos que han protagonizado la Historia. Tal vez ahora podamos atisbar, aunque sea solo un poco, en el alma de la infortunada María Antonieta de Francia.

¡Hasta la semana que viene!

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