“El retrato de las mujeres contemplativas por Filón de Alejandría: las ʽterapéutridesʼ”.

Diego Andrés Cardoso Bueno. “El retrato de las mujeres contemplativas por Filón de Alejandría: las ʽterapéutridesʼ”. Circe, de clásicos y modernos 26/1 (enero-junio 2022).  

Resumen: En De vita contemplativa Filón describe a un grupo piadoso de filósofos hebreosSu residencia la establecieron en un pequeño poblado cerca del lago Mareotis, a las afueras de Alejandría. Los miembros de la congregación, llamados terapeutas por su dedicación a la cura o cuidado de las almas, eran tanto masculinos como femeninos. Vivían aisladamente unos de otros en pequeñas y humildes casas, aunque en especiales ocasiones tenían momentos de fraternal contacto. La presencia de la mujer en un régimen de igualdad con el hombre es uno de los rasgos más destacados y originales de esta singular comunidad ascética judía

Los terapeutas descritos por Filón, al incluir en su comunidad a unas mujeres en términos de igualdad y al descartar la participación de esclavos en la misma, que este sería otro interesante aspecto a analizar del colectivo, no solo producen una innovación en los campos de la relación de lo masculino y de lo femenino, sino que aportan un nuevo concepto de equivalencia y paridad dentro de lo que podríamos denominar una confraternidad humana modélica, innovadora y muy original en su época, de fuerte srasgos espirituales, pero afortunadamente no utópica. 

Las ʽterapéutridesʼ aparecen en De vita contemplativa no sólo como unas integrantes más de la congregación, sino que estas damas representan la personificación de la dignidad filosófica “a causa de su amor apasionado por la sabiduría” (Contem- pl. 68). Esta actitud las sitúa, al igual que les sucede a algunas mujeres bíblicas, cual son los casos de Sara, Lea, Rut o Rebeca, como verdaderas madres espirituales del colectivo, que sólo desean una descendencia inmortal e incorpórea: la instauración y pervivencia del mundo espiritual en el que están inmersas. Ellas, al igual que sus compañeros los terapeutas, mantienen sanos sus cuerpos, pero viven especialmente para el alma, siendo todos los integrantes de la comunidad en su conjunto a la vez ciudadanos del mun- do y del cielo, ya que han conseguido el bien inmaterial más preciado: la amistad de Dios (Contempl. 90).

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