¿Qué significaba quitarse los vestidos para ser penitente en el siglo XIII?

SAN FRANCISCO DE ASÍS, «PENITENTE»
por Casiano Carpaneto de Langasco, o.f.m.cap.

[Selecciones de Franciscanismo, vol. X, n. 30 (1981) 463-471]

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En efecto, la aceptación «oficial» de un individuo entre los penitentes era competencia del obispo de la ciudad y se realizaba según un ceremonial que se cumple sustancialmente en dicha escena.

El despojarse de los propios vestidos y tomar el cilicio revestía, por su contenido simbólico, una importancia muy particular desde tiempos antiquísimos. El Concilio de Agde había sancionado siglos antes, en el año 506: Penitentes tempore, quo penitentiam petunt, ... cilicium ... a sacerdote (sicut ubique statutum est) consequantur. Si ... vestimenta non mutaverint, abiciantur (Los penitentes, cuando piden la penitencia, acepten del sacerdote el cilicio (como está establecido en todas partes). Si no cambian sus vestidos, sean desechados). Y san Cesáreo de Arlés ( 542) advertía a los fieles, en su sermón 67, que tuviesen en máxima consideración el hecho que el penitente cambie de vestido, revelando así, también externamente, su nueva condición: «El cilicio está tejido con pieles de cabra y, así como las cabras son el símbolo de los pecados, así también el fiel que recibe la penitencia demuestra públicamente que no es un cordero sino lo que indica su mismo vestido: un macho cabrío» (C. Vogel).

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