¿SAN FRANCISCO JUGLAR?

 

VIVENCIA PRIMERA DEL ALMA DE SAN FRANCISCO:
CABALLERO - TROVADOR - JUGLAR

por Enrique Rivera de Ventosa, OFMCap

[En Selecciones de Franciscanismo, vol. XXIII, núm. 68 (1994) 291-311]

¿SAN FRANCISCO JUGLAR?

Se ha respondido mil veces en sentido afirmativo. Y sin embargo nos parece que la respuesta debe ser muy matizada. Comencemos por advertir que el juglar queda históricamente definido por ser el eterno repetidor de lo que es incapaz de crear. Los griegos le llamaron rapsoda. Los medievales, juglar. Hoy son recitadores de versos ajenos. En todo caso se trata de sujetos sin posibilidad creadora, pero que han puesto sus modestos dones en repetir las canciones en boga, para alegrar las fiestas y contribuir al común regocijo. En sus mejores momentos el juglar ha aligerado la pesadez de la vida con sus recitales y sus gracias. En los peores, se ha rebajado a proferir bufonadas, por las que se ha trocado en histrión reído y burlado.

La semejanza y diferencia entre trovadores y juglares están puestas en relieve por H. Felder en estos términos: «Eran (los trovadores) a la vez poetas, compositores, cantores y recitadores. Sin embargo prestaban a veces sus canciones a músicos ambulantes (juglares), quienes además procuraban divertir a su auditorio como versificadores y bufones»

San Francisco fue trovador y juglar

Fue trovador de Dios cuando hacía brotar de su corazón llagado el Canto de las Creaturas para alabanza perenne del Creador de ellas. 

Con el fin de irlas cantando por el mundo busca juglaresen sus hermanos -él mismo será uno más-, quienes las van repitiendo después de hacer oír su predicación al pueblo. 

 "Nosotros somos juglares del Señor, y esperamos vuestra remuneración, es decir, que permanezcáis en verdadera penitencia". Y añadía el bienaventurado Francisco: "¿Pues qué son los siervos de Dios sino unos juglares que deben levantar y mover los corazones de los hombres hacia la alegría espiritual?"» (EP 100).

Estas palabras de Francisco definen con precisión en qué sentido se llamaba a sí mismo «juglar de Dios». Y se lo aplicaba igualmente a sus hermanos. Frente a la abertura horizontal a los otros, que predomina en la figura del «juglar» a lo largo de los siglos, y que halla en el ocurrente Junípero una muestra ejemplar, Francisco vive su juglaridad en actitud vertical, cara a Dios, de quien se considera un cantor que repite los salmos e himnos bíblicos para alabar su gloria y para acrecer la sana y santa alegría del pueblo cristiano. 

Lo mismo pedía a sus hermanos. Que canten, como juglares de Dios, las alabanzas divinas. Y que lleven al pueblo cristiano esa alegría espiritual que debiera venir a ser, en cuanto ello es viable, un trasunto anticipado del cielo en la tierra. Este trasunto lo plasmó el pintor Murillo en su cuadro de la Porciúncula. Tan reconciliado queda el cielo con la tierra por la celeste indulgencia, que la tierra se ve inundada por los ángeles del cielo y ya no produce espinas sino rosas. Esta teología bien pudiera llegar a ser realidad de nuestro diario vivir. El canto del juglar divino sería entonces su música de fondo.

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