El transhumanismo a la luz de la antropología filosófica



Natucci Cortazzo, J.P. (2020) “El transhumanismo a la luz de la antropología filosófica”,en Logos. Anales del Seminario de Metafísica 53, 81-98.


Resumen. El propósito de este artículo es mostrar algunos aspectos ideológicos de la concepción de la tecnología y del ser humano que subyacen en el transhumanismo. Se intentan demostrar estos aspectos a la luz de la antropología filosófica de Scheler, Plessner y otros autores mediante los siguientes argumentos: la crítica a la concepción neutral de la tecnología, el rechazo de la idea del ser humano como homo faber y la errónea comprensión transhumanista de la vida y la muerte. A partir de una puesta en discusión de este movimiento con la antropología filosófica se comprueba que no hay ningún cambio de paradigma dentro del transhumanismo y que las viejas concepciones del ser humano que habían sido defendidas por la Modernidad siguen estando presentes.
Conclusiones:
Como espero haber demostrado, el transhumanismo, a la luz de algunos planteamientos de la antropología filosófica, se nos revela como una ideología, como una forma de radicalismo y utopismo dominado por la idea de un ir más allá de la condición biológica presente. 
Somos conscientes, sin embargo, que hoy en día, el vocablo “más allá” tiene una connotación profundamente negativa. El mismo proceso de secularización de Occidente se caracterizaría por una paulatina eliminación de un más allá. 
Ahora bien, ¿no se a instalado precisamente este más allá en el ámbito de los avances tecnológicos, tal como nos lo revela el transhumanismo? Desde mi punto de vista, la sociedad secularizada no es que se haya liberado del más allá, de lo trascendente, sino que, parafraseando a Scheler, sigue buscando lo divino, pero en un callejón sin salida.

Si nos fijamos con mayor detenimiento, el rechazo de la sociedad occidental de otros mundos espirituales o sobrenaturales, y su consiguiente búsqueda de mayor certeza, bienestar, objetividad, seguridad, etc. en el más acá material, obedece a un arraigado impulso de dominación. 
Este impulso se lleva a cabo desde la angustia burguesa ante la muerte y el resentimiento hacia lo que es superior a sus fuerzas. 
Aquello que representa un ámbito misterioso, ilógico, sagrado, inexplicable, la muerte por ejemplo, son ignorados. Pues según esta lógica, lo que es trascendente, lo incontrolable, no puede aportar ningún beneficio directo, ninguna utilidad. 
El transhumanismo solo considera verdaderos los hechos empíricos de una naturaleza y un ser humano que se han vuelto tecnológicos, esto es, ve lo que hay de manipulable, medible, aprovechable, y desecha lo sagrado y lo divino que se esconden en ellos. El ser humano se convierte así en un hecho más que puede y debe ser moldeado por él mismo. No es consciente, sin embargo, de la contradicción que esto implica, pues “[…] el hombre no quiere ser solo un hecho, solo un fenómeno y nada más. Y este no querer indica que, en realidad, no es solo un hecho, no es solo un fenómeno, sino algo mayor. Pues ¿qué significa un hecho que no quiere ser hecho, un fenómeno que no quiere ser fenómeno?”

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