Pedagogía de la escucha

Pacto ciudadano por la vida, la reconciliación y la paz: apuntes para una espiritualidad

Luis José Rueda Aparicio

Arzobispo de Bogotá


theologica xaveriana vol. 71 año 2021 • 

 Pedagogía de la escucha: “Cada mañana, él despierta mi oído, para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás” (Is 50,4b-5).

Cardenal Jorge Bergoglio a los catequistas de la Arquidiócesis de Buenos Aires:

"Nuestro Padre del cielo escucha el rumor de nuestros pasos, la oración que vamos musitando en nuestro corazón a medida que nos acercamos.

 Nuestro Padre escucha los sentimientos que nos conmueven al recordar a nuestros seres queridos, al ver la fe de otros y sus necesidades, al acordarnos de cosas lindas y cosas tristes… Dios escucha. … No es como los poderosos que escuchan lo que les conviene. 

El escucha todo. También las quejas y los enojos de sus hijos. Y no solo escucha, sino que ama escuchar. Ama estar atento, oír bien, oír todo lo que nos pasa.

Aprender a escuchar nos permitirá dar el primer paso para que, en nuestras comunidades, se haga realidad la tan anhelada acogida cordial. 


Quien escucha sana y recrea los vínculos personales, tantas veces lastimados, con el simple bálsamo de reconocer al otro como importante y con algo para decirme.


La escucha primera el diálogo y hace posible el milagro de la empatía que vence distancias y resquemores. Esta actitud nos librará de algunos peligros que puede hipotecar nuestro estilo pastoral. El de atrincherarnos como Iglesia, edificando muros que nos impiden ver el horizonte. 


El peligro de ser iglesia autorreferencial que acecha todas las encrucijadas de la historia y es capaz de acabar con las mejores iniciativas pastorales.


La actitud de la escucha nos ayudará a no traicionar la frescura y fuerza del anuncio kerigmático con meros conceptos morales, que más que la novedad del “camino” se transforma en fango que ciega y empantana.

 

Necesitamos ejercitarnos en el escuchar… para que nuestra acción evangelizadora se enraíce en el ámbito de la interioridad donde se gesta el verdadero catequista que, más allá de sus actividades sabe hacer de su ministerio, diaconía del acompañamiento.


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