la espiritualidad es un camino más fructífero que las religiones.
Rafael Narbona, filósofo: "Actualmente, la espiritualidad es un camino más fructífero que las religiones. No nos impone penitencias ni restricciones, solo nos invita a prescindir de lo nocivo, como el odio o el miedo para buscar la paz interior"
Hay preguntas que el ser humano se sigue haciendo y la ciencia no siempre puede contestarlas. De ahí que se busquen nuevas respuestas.
23 de enero de 2026 · 13:14

Inés Urdaci
Cada vez menos personas se declaran religiosas, pero casi todo el mundo asegura que cultiva alguna forma de espiritualidad. El mensaje religioso está quedando desacreditado, algo comprensible, pues en la historia hay infinidad de ejemplos del uso de la religión como herramienta de opresión y manipulación.
Esto no ha afectado a las grandes preguntas de la existencia, que siguen planteándonos los mismos interrogantes: ¿cómo surgió el universo?, ¿hay algo después de la muerte?, ¿existe Dios?
El hallazgo de las leyes de la termodinámica en 1824 puso de manifiesto que el universo no es eterno, inmutable y estacionario, sino un devenir abocado a la muerte térmica, lo cual evidencia la existencia de un principio.
Cómo empezó todo
La hipótesis del Big Bang, corroborada por el descubrimiento de la radiación cósmica de fondo, ha permitido reconstruir los momentos iniciales del universo. A partir de un átomo primitivo, surgieron simultáneamente el espacio, el tiempo y la materia. ¿Qué existía antes de ese átomo primitivo?
Algunos apuntan que un código matemático semejante a los números imaginarios, una fórmula magistral que contenía todos los elementos, fuerzas y combinaciones del cosmos. A ese código lo llamamos Dios, pero en realidad ese término solo es un eufemismo para maquillar nuestra ignorancia.

El equilibrio del universo se basa en una veintena de valores numéricos invariables: la fuerza de la gravedad, la electromagnética, la interacción débil, la interacción fuerte, la velocidad de la luz, la constante de Planck, etc. Si alguno de esos valores numéricos se alterara levemente, el universo colapsaría. Parece improbable que ese ajuste sea fruto de fuerzas ciegas y sin ningún propósito.
El ADN es una auténtica hazaña tecnológica, pues en un núcleo de seis milésimas de milímetros alberga el equivalente a un millón de páginas, es decir, treinta veces el tamaño de la Enciclopedia Británica. El genoma es un programa compuesto por un lenguaje extraordinariamente sofisticado.
las teorías del universo
¿Es posible que haya surgido de forma aleatoria? Hoy sabemos que el universo se acelera cada vez más a consecuencia de la energía oscura. Nunca se producirá una contracción ni una nueva explosión que marque el inicio de un nuevo ciclo. El Big Bang no finalizará con un Big Crunch. Y la teoría de los multiversos –hay infinidad de universos con leyes distintas– carece de respaldo empírico o teórico. Es una hipótesis poco verosímil.
Albert Einstein afirmaba que la armonía del cosmos es la mayor prueba de la existencia de Dios. Kurt Gödel, uno de los grandes matemáticos y lógicos del siglo XX, demostró con su famoso teorema que en cualquier sistema consistente y formal hay axiomas que no pueden probarse con los razonamientos de ese mismo sistema. Siempre hay que recurrir a un sistema superior para validarlos.

En el caso del universo, la explicación última de su existencia debe buscarse fuera de él. No hay ninguna prueba de que el afecto, la creatividad, la amistad, el amor, el anhelo de comprensión, el placer estético o la compasión sean meras excrecencias químicas.
Todas estas cuestiones son las que más preocupan al ser humano y la ciencia no puede decirnos nada relevante sobre ellas.
conectar con la espiritualidad
Existen poderosas razones para creer que si la materia es energía condensada, la energía podría ser la expresión de un Espíritu creador e increado. No es necesario profesar una religión determinada para desarrollar una perspectiva espiritual.
Disfrutar con la belleza del paisaje o de una sinfonía es una forma de conectar con ese espíritu primigenio del que tal vez procedemos y al que quizás regresaremos algún día. No hay que someterse a dogmas, solo hay que abrir la mente.
Jesús de Nazaret nos invita a la metanoia, un término griego traducido como «arrepentíos», pero que en realidad significa «transforma tu mente para alinearte con lo divino». La iluminación de la que habla Buda expresa una teoría parecida.

Actualmente, la espiritualidad es un camino más fructífero que las religiones. No nos impone penitencias ni restricciones. Solo nos invita a prescindir de lo superfluo o nocivo, como el odio, el miedo o el egoísmo, para buscar la paz interior, la comunión con nuestros semejantes y la conexión con la totalidad.
En ese camino solo hace falta que la mente desee crecer, comprender y crear sólidos vínculos con la vida. El auge de la meditación, el yoga y otras prácticas procedentes de las viejas civilizaciones orientales pone de manifiesto que Occidente, aparentemente escéptico, conserva la sed de infinito. El ser humano nunca dejará de ser una criatura espiritual.
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