Los caminos educativos franciscanos
JOHANNES B. FREYER ,LOS CAMINOS EDUCATIVOS FRANCISCANOS Carth 24 (2008) 339-352
"En la novela “El nombre de la Rosa” Adson pregunta: “¿Maestro, tú piensas que este es un lugar en el cual Dios se siente bien?”, y William responde: “¿Existe en este mundo un lugar en el cual Dios se sienta bien?”. Pienso que la pregunta de Adson es un interrogante crucial para la tradición franciscana. La respuesta de William deja la duda. Sin embargo, con esta duda los franciscanos no podían vivir. En el centro de la fe de un franciscano está Dios que se ha encarnado. En el centro de la devoción franciscana está el pesebre. Pero la realidad cruda demuestra que este mundo no es un lugar en el cual este Dios, que ha tomado la carne humana, se sienta bien! Esta realidad dura se presenta para el franciscanismo en la realidad de la cruz. La cruz que toma tantas formas en este mundo y en la historia humana. En un mundo donde Dios no se siente bien, tampoco el hombre está bien. Los franciscanos nunca se han resignado a este mundo donde ni Dios ni el hombre están bien. Por lo que, su respuesta no es la de un desprecio de este mundo y la “fuga mundi”. La reacción del franciscanismo fue siempre la aceptación del desafío de no dejar este mundo como está, sino de cambiarlo, de tal modo que tanto el hombre como Dios se puedan sentir bien en este mundo. No para establecerse en este mundo pasajero, sino para restituirle el rostro del Bien a este mundo y al mismo hombre.
Aquel Bien que deriva gratuitamente de Dios, Sumo Bien. Por ello cada esfuerzo formativo y educativo de los franciscanos de todos los tiempos.
Para restituir al hombre y a este mundo el rostro del Bien, de la Belleza, de la Verdad, de la Felicidad y del Amor.
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