Cristo, hermano mayor, luz del mundo
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El cardenal Sarah ha concedido una entrevista sobre su último libro a Laurent Dandrieu, de Valeurs Actuelles, y que ha sido traducido al español por Elena Faccia-Serrano para Infovaticana. El purpurado africano analiza la situación de la Iglesia y critica a quienes dentro de ella se pliegan a los deseos del mundo.
- La elección de este versículo sacado del Evangelio de los peregrinos de Emaús, ¿es una manera de indicar que, en la Iglesia, Cristo no es el centro?
- Creo firmemente que la situación que vivimos en el seno de la Iglesia se parece en todo a la del Viernes Santo, cuando los apóstoles abandonaron a Cristo, cuando Judas le traicionó, porque el traidor quería un Cristo preocupado por los asuntos políticos.
Hoy en día, numerosos sacerdotes y obispos están literalmente hechizados por los asuntos políticos o sociales.
En realidad, estas cuestiones nunca encontrarán respuesta fuera de la enseñanza de Cristo, que es la que nos hace más solidarios, más fraternales.
Mientras Cristo no sea para nosotros como un hermano mayor, el primogénito de una multitud de hermanos, la caridad no será sólida, ni habrá una verdadera alteridad. Cristo es la única luz del mundo. ¿Cómo podría la Iglesia darle la espalda a esta luz?
Ciertamente, es importante ser sensible ante las personas que sufren.
Pienso, en especial, en los hombres que abandonan su país. Pero, ¿por qué se alejan de su tierra? Porque poderosos sin fe, que han perdido a Dios, para los que sólo cuentan el poder y el dinero, han desestabilizado sus naciones.
Estas dificultades son enormes. Pero, repito, la Iglesia tiene, ante todo, que volver a dar a los hombres la capacidad de mirar a Cristo: «Y cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Este libro quiere intentar volver a dar a la Iglesia el sentido de su gran misión divina.
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