Doctoras De la Iglesia

La historia de la Iglesia ha conservado, si bien a menudo en los márgenes, la influencia de mujeres que no solo vivieron la fe, sino que la pensaron y la transformaron. Sin embargo, la historia del pensamiento cristiano parecía ser, durante siglos, un coro de voces predominantemente masculinas. El título de “Doctor de la Iglesia”, máxima distinción académica y espiritual que la Iglesia otorga a quienes han aportado una doctrina eminente y universal, durante casi dos mil años fue un coto exclusivamente masculino, hasta que el siglo XX rompió el sello. Teresa de Ávila, Catalina de Siena, Teresa de Lisieux e Hildegarda de Bingen no son ya simplemente santas de altar, que no es poco, sino que la Iglesia ha querido presentarlas como arquitectas del pensamiento, psicólogas del espíritu y diplomáticas de lo divino que desafiaron las estructuras de su tiempo para extender una doctrina no académica basada en la experiencia mística y la lucidez intelectual.

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