Teresa de Lisieux doctora De la Iglesia
Lo grande de la pequeñez: Teresa de Lisieux
A finales del siglo XIX, en la aparente monotonía de un Carmelo en Normandía, una joven que moriría a los veinticuatro años estaba gestando la revolución teológica más importante de la era moderna. Teresa del Niño Jesús, conocida como Teresita, es la doctora de la “pequeña vía”. Su obra ‘Historia de un alma’ no es un tratado sistemático, sino una narrativa de la confianza absoluta. En un contexto religioso marcado por los coletazos del jansenismo –una visión de Dios como un juez severo y distante–-, Teresa propuso la infancia espiritual como método de santidad. Ella entendió que la grandeza no reside en realizar actos heroicos de extrema dificultad o penitencias extremas, sino en la “pequeñez” de aceptar la propia debilidad y dejarse llevar por la gracia.
Su genialidad radica en la simplicidad radical. Con su “pequeña vía” propuso una ciencia de la vida cotidiana que consiste en realizar las acciones más insignificantes con un amor infinito. Teresa de Lisieux fue llamada por Pío XI “la estrella de mi pontificado” y declarada Doctora por Juan Pablo II en 1997, ya cerca del comienzo del nuevo milenio, confirmando que su mensaje es una respuesta a la angustia del hombre contemporáneo. Ella demostró que la santidad está al alcance de todos, no como una meta de perfeccionismo moral, sino como un acto de abandono. Su teología es un bálsamo contra el pelagianismo moderno que confía solo en el esfuerzo propio, devolviendo al centro de la experiencia humana la gratuidad del amor divino.

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