Denuncia de Gonzalez de Cardedal de pérdida de memoria en la sociedad







Hoy Olegario Gonzalez de cardenal denuncia la pérdida de muchos recuerdos y símbolos de la vida cotidiana de los hombres, alterando la historia y la cultura de los pueblos. Estos signos, recuerdos, símbolos según el teólogo, forman la historia de los pueblos, son señales de identidad de una cultura y deben permanecer para que el individuo sea identificado como miembro de ella:

Hay hechos simbólicos en la vida personal y social que revelan olvidos mortales o recuerdos esenciales para nuestra existencia ,porque los humanos ya no estamos sólo aposentados en el universo físico sino que habitamos otros mundos. A diferencia de los animales el hombre no sólo vive en una realidad más amplia, sino que construye un universo simbólico. Y esos paraísos o infiernos, cumbres o abismos, llanuras o laderas en las que habitamos, son los que nos crean más gozo o angustia. Ellos se entrecruzan con la realidad física de cada día, para allanarla o endurecerla. La urdimbre de la experiencia humana está tejida por los recursos e incursiones de ese universo, del que forman parte el lenguaje, el mito, el arte, la religión y la poesía.
¿Qué sentido o sinsentido tiene el hecho de que en nuestra vida pública estén desapareciendo signos y símbolos que durante siglos han acompañado la vida hispánica, trayendo a la conciencia universos de ilusión y de esperanza, con los cuales hemos tejido el imaginario personal del que nos nutrimos?
…Los símbolos públicos vienen de lejos como jugo y zumo de la historia de un pueblo, que se ha expresado en ellos, ha dicho sus victorias y derrotas, y con ellos se ha redimido de la caducidad que el tiempo lleva consigo. Sean signos culturales o religiosos, todos dicen lo que ese pueblo ha sido y quiere ser. Un pueblo que renuncia a ellos se corta las venas de su memoria y las esperanzas que le llegan desde sus orígenes. El intento de anularlos equivale a negar su historia y cultura, a cegar los veneros por los que nos llegan las fibras de nuestra trama actual. Ellos han pervivido en un proceso de afirmación y de exclusión, de decantación y de purificación; y nunca pueden ser del todo derogados, porque ello significaría un suicidio cultural. Unos son signos de vida que convocan a la paz; otros, signos de muerte que alertan contra la violencia.



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