Una nueva metafísica



Pedro Leiva Béjar Creación y evolución: ¿Hizo Dios un universo abierto? en www. tendencias 21.net 


Una nueva metafísica: el Mal y el Amor 


González de Cardedal ha insistido en la necesidad de una nueva metafísica para sostener una nueva imagen de Dios y de su poder basada en la prioridad de lo personal. Hablamos de Dios con metáforas, pero ya no sirve la metáfora tecnológica del ingeniero que controla y determina el funcionamiento de su creación. La teología depende más de la metáfora personal del padre que ama a su hijo, que no determina, ni controla, ni fuerza, sino que atrae y espera: «la parábola del padre que espera al hijo es más esencial para la teología y antropología que la Metafísica y Ética de Aristóteles» [18]. 


La modernidad, intentando salvar el concepto de Dios, lo ha desnaturalizado, convirtiéndolo en primera instancia en fundamento de la ética, o fundamento del cosmos, o fundamento del ser. Pero el Dios de la religión es antes que nada misterio de amor personal, no herramienta explicativa para nuestras preguntas éticas, cosmológicas o metafísicas. Solo después de ser identificado en su esencia como amor personal, tal como la entiende Jesús de Nazaret, puede explicar nuestros interrogantes [19]. Sucede entonces que desde esa metáfora se puede comprender lo que bajo el modelo del Dios ingeniero resulta, sin embargo, un escándalo, a saber, la presencia del mal en el mundo. 


El mal ni es divino, ni se identifica con la materia. Para comprender su naturaleza es iluminadora la definición agustiniana del mal como privatio boni. Sencillamente, en la creación hay corrupción porque ésta no es Dios. Por ser creación de Dios, es buena; pero por ser criatura, no es perfecta, es decir, carece por definición del supremo bien, que es solo Dios mismo. Desde esta perspectiva, la pregunta de por qué Dios permite el mal, queda respondida: lo permite porque al crear ha querido que exista algo que no es él mismo, supremo bien. Pero tiene razón P. Fernández Castelao al decir que la pregunta que debemos formular no es ¿por qué Dios no ha hecho un mundo perfecto?, cosa que no tiene sentido desde la perspectiva que acabamos de formular, sino ¿por qué, siendo el mundo necesariamente ambiguo, Dios lo ha creado a pesar de todo? [20]. 


La respuesta cristiana a esta cuestión no puede proceder de un supuesto balance por el que el bien y la belleza compensarían el horror y el dolor. Una respuesta tal no procede de la fe y, desde el punto de vista de la razón, tampoco es evidente: seguramente, entre nosotros habría quien opinaría que no hay belleza en el mundo que justifique uno solo de los dramas sobre los que se ha forjado. 




[18] O. González de Cardedal, Cristología, 391. 
[19] Cf. O González de Cardedal, Jesús de Nazaret. Aproximación a la cristología, Madrid 19933, L. 
[20] Cf. P. Fernández Castelao, «Antropología teológica», en A. Cordovilla (ed.), La lógica de la fe. Manual de Teología dogmática, Comillas, Madrid 2013, 218-227.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Clasificación de valores en Ortega y Gasset

¿Qué es hierognosis?

diferencia entre Sinodo y Concilio