Crítica de San Agustín a la filosofía
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Patricio Domínguez Valdés, "La crítica de Agustín de Hipona a la filosofía en De civitate Dei" en Anales del Seminario de Historia de la Filosofía 34 (1) 2017: 65-84
Resumen. Este artículo reconstruye panorámicamente la posición de Agustín de Hipona con respecto a la filosofía en la obra De civitate Dei. Sostiene que la valoración y el reproche que le hace Agustín a los platonici descansan en último término en un concepto de filosofía tomado del mismo platonismo y re- interpretado según textos bíblicos que enfatizan la centralidad de la mediación y el culto para alcanzarla beata vita.
Conclusión
A modo de conclusión, quisiera expresar lo dicho en este artículo en los siguientes puntos sintéticos:
Agustín en De civitate Dei sigue considerando, como en su etapa juvenil, que el platonismo es la mejor expresión pagana de la búsqueda racional de la felicidad tanto a nivel contemplativo como a nivel activo; no obstante, cree que el platonismo no es consecuente con la tarea que él mismo se ha planteado y que su degeneración en idolatría es un paso que se sigue necesariamente de principios internos erróneos para abordar la cuestión crucial de la mediatio, núcleo de la filosofía entendida como actividad eudemonística.
El platonismo que opta por mediación demoniaca es considerado por el Hiponense como una forma sofísticada de idolatría radicada en el amor sui, y en cuanto tal se ubica, en el esquema de las duae civitates, en la “ciudad terrena”.
Desde ese punto de vista, un platonismo tal será, si es llevado a la praxis política, enemigo y persecutor de la “ciudad de Dios”.
Otras características del platonismo que denotan su ciudadanía en la civitas diaboli son:
(a) su disenso interno y confusión doctrinal, que lo homologan a las demás escuelas filosóficas “de este mundo” (i.e. estoicos y epicúreos)
(b) su necesaria tendencia a contener errores, producto de la ausencia de una divina auctoritas que guíe sus pasos.
Estas dos características, unidas al estado infralapsario del género humano y su consecuente incapacidad fáctica de llevar a cabo el currículum ético- intelectual del platonismo, tienen como efecto el fracaso de la tarea que el mismo platonismo se ha impuesto: el logro de la felicidad.
Para Agustín, el meollo del eventual fracaso o éxito de las aspiraciones del platonismo radica en lo opción que tome ante la respuesta cristiana al problema de la mediación.
La aceptación de Cristo como mediator trae consigo, mediante la reforma de la voluntad a través de la humildad y la caridad, el correcto despliegue de la tendencia cúltica del ser humano, y en esa medida trae consigo la realización efectiva de la filosofía como amor sapientiae.
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