Características que definen la persona: APERTURA
Las cookies de este sitio se usan para personalizar el contenido y los anuncios, para ofrecer funciones de medios sociales y para analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de medios sociales, de publicidad y de análisis web.
orcid.org/0000-0003-1152-1672
Patricia A. Vega Miranda (Sor María Reina)“Características
que definen la persona” Ensayo Académico, Universidad de los
Hemisferios, Facultad de Artes y Humanidades
Carrera: Estudios Humanísticos Quito, Mayo 2016
Algunas ideas de este artículo:
2.2. APERTURA
Es el diálogo de la intersubjetividad, la obra de la comunicabilidad de la dimensión más noble de la persona, el bagaje de su tremenda intimidad; aflora, se exterioriza, comunica la bondad de su ser frente a un ¨tu¨ que cuestiona e interpela; es el ámbito de la alteridad, el otro que viene a mi encuentro para ser acogido con la mirada, la sonrisa, con un abrazo.
Toda la persona entra en comunicación, abierta desde una introspección seria de la conciencia real de quién soy como persona y de quién es el otro, también con su propia personalidad e intimidad, y que busca interrelacionarse, es como un llamado, una vocación a entrar en diálogo y compartir la misma experiencia de ser persona, revestidas de igual dignidad y valía.
Toda la persona entra en comunicación, abierta desde una introspección seria de la conciencia real de quién soy como persona y de quién es el otro, también con su propia personalidad e intimidad, y que busca interrelacionarse, es como un llamado, una vocación a entrar en diálogo y compartir la misma experiencia de ser persona, revestidas de igual dignidad y valía.
“La vida de unión con Cristo necesariamente trasciende el ámbito individual del cristiano para proyectarse en beneficio de los demás: de ahí brota la fecundidad apostólica, ya que el apostolado, cualquiera que sea, es una sobreabundancia de la vida interior. (Amigos de Dios, n. 239).” (José Casciaro, 1986, pág. 1366)
Es tan elocuente esta Parábola cuando vemos en el mundo la dramática división del corazón del hombre en el gran escenario de la vida.
Ir en pos de los hermanos se convertirá entonces en el estilo de vida de Jesús, marcado por el amor y la verdad que Él mismo infunde cuando decidimos subir a la barca de su amada Iglesia, y remar hacia el infinito de su Divino Querer. “cuanto más individuo se es, más tiene que ver con todo lo demás (…) cuanto más individual es una realidad, más dueña de sí es efectivamente (…) más puede y debe influir (…) irradiarse.” (Polo, 1997, pág. 23)
Por consiguiente, así como el espíritu es principio de vida de cada hombre, algo constitutivo de su ser, de su misma esencia, la espiritualidad de cada persona viene a ser la expresión en todas sus formas (ritual, verbal, gestos, en el silencio) que el ser humano puede manifestar de aquel movimiento interno. A pesar de que la espiritualidad es personal de cada individuo, nos une con los otros seres que también comparten esta forma de pensar y sentir (Fil. 2,5), alcanzando esto una connotación comunitaria (comunión de espíritu).
De ahí que, siendo el Espíritu una realidad dinámica, renovadora, es progresiva y la única manera de manifestarse es a través de un estilo de vida, de una espiritualidad que me vaya identificando y a la vez permitiendo concientizar mejor la importancia de vivirla en profundidad y coherencia. La espiritualidad es entonces la consecuencia (como la causa al efecto) y el reflejo del Espíritu que se lleva dentro, que mueve a actuar de tal o cual manera; además me relaciona con los otros. De ahí la importancia de la espiritualidad cristiana, la cual define si los actos responden al buen o al mal espíritu.
Comentarios
Publicar un comentario