Pensar a Dios desde la antropología

 A partir del  momento que  ya no se piensa a Dios a partir de la metafísica (teodicea) sino a partir de la antropología surge la filosofía de la religión. 

El punto nuevo de partida es el hombre: sus posibilidades, necesidades y límites

La existencia de Dios es afirmada como necesaria para la certeza del conocimiento (Descartes) 

La existencia de Dios es afirmada para que la justicia prevalezca y el justo sea recompensado con una felicidad aquí y ahora imposibles (Kant)

La existencia de Dios es afirmada para que no triunfen los verdugos sobre las víctimas (Horkheimer) 

La existencia de Dios es afirmada para que toda la belleza, grandeza y bondad de los seres no sean sepultadas por la muerte en la nada. 

Las preguntas ahora son nuevas: 

¿Es Dios necesario para el hombre? 

¿Es una frontera que le limita o es un don ilimitado que le ensancha y diviniza?

 ¿Es la única garantía de que el ser prevalezca sobre la nada? 

Aquí se sitúa la crítica y el rechazo de la religión que prevalecerá en el siglo XIX con su punto cumbre en Feuerbach, para quien decir Dios es una proyección de sí mismo que hace el hombre, otra manera de decir su ser. La teología queda reducida a la antropología. 

Las reflexiones siguientes no preguntan por la existencia o naturaleza de Dios. 

Presuponen el horizonte antropológico actual y desde dentro de él preguntan ¿cuándo, cómo y porqué surge la pregunta por Dios? Su aceptación, ¿es solo cuestión de razón o no menos también cuestión de voluntad, libertad y decisión, de forma que podemos decir que no hay Dios para quien no quiere que lo haya?

 

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