La muerte De Dios es la muerte del hombre



González de Cardedal interpreta ciertos rasgos de su pensamiento enraizados en su perfil psicológico:


Habría que intentar entender por qué Nietzsche ha creado un universo en el que no existe el amor, en el que él mismo no es capaz de amar y en el que no logra ser acogido. La existencia de Nietzsche está caracterizada por la simultánea necesidad de amor e incapacidad para amar, por la nostalgia de una plenitud que sacie su soledad a la vez que por la falta de paciencia para recibirla y de humildad para dejarse invadir por ella.  (GONZÁLEZ DE CARDEDAL, O., "Dioniso contra el crucificado. La Fe en Cristo después de Nietzsche". Artículo en Teología, n° 80. Tomo XXXIX. Año 2002, pp. 11-52. Buenos Aires (Argentina))

Este teólogo abulense, al estudiar la obra entera de Nietzsche defiende cómo con la ausencia de Dios desaparece también la presencia del prójimo. 

Con la desaparición de Dios de su horizonte entra en crisis la metafísica y con la desaparición del prójimo entra en crisis la ética. Sin Dios y sin prójimo, el individuo queda remitido a su más absoluta soledad, señala el teólogo español.

Es ésta sin duda una afirmación que recorre buena parte del pensamiento teológico de nuestro tiempo, y que Cardedal defiende de forma extremadamente radical: la muerte de Dios es certificar a su vez la defunción del hombre. 

Para González de Cardedal esta muerte del "hombre" se traduce en "ausencia del prójimo" en la obra de Nietzsche, quien definitivamente apuesta por una radical soledad. Ciertamente, es casi imposible encontrar en Nietzsche referencias a ese prójimo, a colaboraciones colectivas de los seres humanos y sí, ciertamente, referencias continuas a la soledad de la propia tarea y a la falta de una educación para la soledad.

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