La muerte y el budismo

 

  Morir es el último tabú para cualquier religión

Un Gran Quizás espera después de la desaparición del Yo

La idea de la muerte cruza por todas las religiones y se manifiesta de diferentes formas pero con un denominador común en todas ellas: hay una realidad más allá de la vida, un Gran Quizás que mejor dejamos en puntos suspensivos. Por Juan A. Martínez de la Fe.


Una interesante obra de Toni Sánchez Bernal tiene la pretensión de abordar el hecho de la muerte desde diferentes perspectivas (Morir, el último tabú, Kolima Books, Madrid, 2019). Entrevistas sobre la muerte a representantes de las principales religiones y corrientes espirituales, reza el subtítulo para darnos clara idea del contenido.

Sánchez Bernal ofrece seguidamente las entrevistas a personalidades destacadas de diferentes religiones o corrientes espirituales.

Tales entrevistas contienen una importante serie de preguntas cuyas respuestas perfilan el planteamiento de cada entrevistado. 

Más allá y budismo 

Interviene, seguidamente, el budismo, con la entrevista al lama Thubten Wangchen. También aquí es conveniente señalar que el budismo es más que una religión, es una filosofía de vida cotidiana, sobre cómo actuar, pensar y hablar bien, tanto en palabra como mente, que supone algo bueno para ti y para los demás. 

Para el budista, la muerte no es un castigo, sino la naturaleza de la vida; la cuestión es cómo vamos a morir y cuándo y dónde, algo que desconocemos, por lo que conviene meditar sobre ello. 
Sí es importante saber que no es Dios quien decide las condiciones de nuestra muerte, sino que lo determina el propio karma, es decir, las consecuencias de nuestras acciones. 

El alma, ciertamente, no muere. Si nuestra mente está muy aferrada a lo material, la muerte será dolorosa y sufrida y, mientras mayor sea ese apego, será más complicada la reencarnación, en la que cree el budista. 

Las sucesivas reencarnaciones constituyen el samsara, del que es necesario salir para alcanzar el nirvana y no proceder a una nueva reencarnación. Por eso, mientras más karma malo acumulemos, pasaremos más encarnaciones en el samsara y más costará alcanzar el nirvana; en definitiva, Dios no puede salvar al mundo, somos los humanos quienes podemos hacerlo

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