¿Qué vigorizaba la vida comunitaria de la Iglesia primitiva?



El culto, porque afirmaban que semana tras semana se encontraban a Dios en ese culto, que implicaba tanto al corazón como  lo mental. Estas pautas desarrolladas en el culto se convertían en “habitus".

Debían aprender el habitus del simposium: fortalecer a los menos formados; mostrar aprecio por los más convencidos; y cultivar la dinámica de la comunidad, expresando la sensibilidad hacia la presencia divina.

Terminaban con oración levantandose y uniendo sus fuerzas, con el beso de la paz y la cena del Señor.

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