Benedicto XVI, la cuestión de los migrantes y el espacio para Dios

 


Benedicto XVI, la cuestión de los migrantes y el espacio para Dios

Hay una humanidad que busca un futuro mejor, que huye de miseria y persecuciones. Es el pueblo de los migrantes. Después de un largo y cansado viaje de Nazaret a Belén, José y María ven nacer al Mesías en un pesebre, porque no había sitio para ellos en otro lugar. ¿Si María y José llamaran a nuestra puerta, habría lugar para ellos? Esta pregunta, planteada por el Papa Benedicto XVI, durante la Santa Misa el 24 de diciembre de 2012, se convierte en una exhortación a la oración “para que se cree en nuestro interior un espacio” para el Señor. “Y para que, de este modo, podamos reconocerlo también en aquellos a través de los cuales se dirige a nosotros: en los niños, en los que sufren, en los abandonados, los marginados y los pobres de este mundo”

Así que la gran cuestión moral de lo que sucede entre nosotros a propósito de los prófugos, los refugiados, los emigrantes, alcanza un sentido más fundamental aún: ¿Tenemos un puesto para Dios cuando él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para él? ¿No es precisamente a Dios mismo al que rechazamos? Y así se comienza porque no tenemos tiempo para Dios. Cuanto más rápidamente nos movemos, cuanto más eficaces son los medios que nos permiten ahorrar tiempo, menos tiempo nos queda disponible. ¿Y Dios? Lo que se refiere a él, nunca parece urgente. Nuestro tiempo ya está completamente ocupado.


Santa misa de Nochebuena presidida por el Papa Benedicto XVI, 24 de diciembre de 2012.

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