Dios creó lo visible y lo invisible (material y espiritual)
La existencia de seres espirituales, no corporales, quela sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Es cierto que la palabra «ángel» no aparece ni en el credo de los
Es cierto que la palabra «ángel» no aparece ni en el credo de los
apóstoles ni el niceno-constatinopolitano. Pero eso no quiere decir que la existencia de los ángeles no esté explícitamente afirmada en el Credo.
Cuando el credo de los concilios, más largo, proclama que Dios creó lo visible y lo invisible, se está refiriendo al mundo material -el visible- y al mundo espiritual -el invisible-, formado por los ángeles, que son espíritus puros1.
Del mismo modo, la mención al «cielo» que aparece en el credo de los apóstoles, no sólo debe entenderse del cielo material, donde están las lumbreras del cielo según Gn 1,6-8.14-19, sino también al lugar donde habita Dios, en el que también habitan los ángeles como afirma la Escritura, p. ej., en el libro del Apocalipsis: «Miré, y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas» (Ap 5,11).
También hay que reconocer que la existencia de los ángeles no pertenece al núcleo de la fe, como sí sucede, p. ej., con la Trinidad
de personas en la única naturaleza divina o la muerte redentora de
Cristo.
También hay que reconocer que la existencia de los ángeles no pertenece al núcleo de la fe, como sí sucede, p. ej., con la Trinidad
de personas en la única naturaleza divina o la muerte redentora de
Cristo.
Como afirma el n. 90 del Catecismo, «conviene recordar que existe un orden o “jerarquía” de las verdades de la doctrina católica, puesto que es diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana». Por eso es necesario, como harán los n. 331-333 del Catecismo, poner la existencia y la misión de los ángeles en torno al centro de nuestra fe que es Cristo.
1«Ya en el símbolo de Nicea (D. 54) se afirma la fe en Dios, creador de todas las cosas visibles e invisibles, y se profesa que por medio del Verbo han sido hechas todas las cosas en el cielo y en la tierra. Los ángeles están contenidos ciertamente entre las cosas invisibles y las realidades celestiales. La profesión de fe de la iglesia de Ancira, hacia el año 372, confirma esta interpretación: “Las cosas visibles y las invisibles, ya los tronos, ya las dominaciones, ya los principados, ya las potestades, todo ha sido creado por el Verbo y por medio de Él”» (M. Flick - Z. Alszeghy, Los comienzos de la salvación, Salamanca 1965 (Sígueme), 617.
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