Entrevista a Maria del Mar Albajar, en el monasterio de Sant Benet de Montserrat /




Maria del Mar Albajar, abadesa de Sant Benet de Montserrat: "Si presto atención, siento el infinito"
Pudo ser consultora de empresas, pero se dio cuenta de que ese proyecto la alejaba de quién era realmente

Maria del Mar Albajar, en el monasterio de Sant Benet de Montserrat / Ferran Nadeu

Esta es la última entrevista. En un año marcado –en lo cultural– por la espiritualidad. Por Rosalía, 'Los domingos' y la apuesta de Pantone por el blanco. Pero en Maria del Mar Albajar (Barcelona, 1970), economista, teóloga y abadesa del monasterio de Sant Benet de Montserrat, la espiritualidad tiene una profundidad y una sutileza turbadoras. "Es una pregunta que se abre al infinito", la encarna la benedictina cuyo camino, hace un cuarto de siglo, pudo ser otro.

¿Hacia dónde se dirigían sus pasos?

Me gustaba el mundo de la consultoría empresarial. Me imaginaba trabajando en un organismo internacional, como la ONU. Pero estaba intentando construir un proyecto de mí que no era yo, que me alejaba de mi manera de ser cuando dejaba de luchar. En un proceso que tuvo más de intuición que de racionalización, hubo un retorno –necesario y no sé si doloroso– a la verdad.

¿Qué le dijeron en casa?

Mi padre me dijo: "Ve al psicólogo". [Ríe] Y seguramente tenía razón.

"El monasterio ayuda a hacer el camino hacía quien eres realmente"

¿Hacía falta apartarse del mundo?

He tomado distancia, pero no me he alejado de él. Al contrario. Fuera solo me preocupaban mi carrera y de mi entorno. El monasterio te ayuda a hacer el camino hacía quien eres realmente, a sacar las capas que había construido para tener éxito, para ser aceptada, que no me permitían ser libre.

'Libre' y 'clausura' son aparentemente antitéticos.

Libertad no es crear una realidad alternativa, es poder responder desde quién eres. No hay nada más sagrado que la fidelidad a la propia conciencia. Y la clausura monástica, que preserva a la comunidad, ayuda a un cierto silencio y al contacto con el interior.

"No hay nada más sagrado que la fidelidad a la propia conciencia"

Ese contacto lo había practicado antes con el 'focusing', que enseña en el monasterio.

Lo descubrí por casualidad. Pensaba que iba a hacer un curso de yoga y me encontré con esta herramienta que ayuda a encontrar la propia voz. Para mí es importante el diálogo con creyentes y con no creyentes, y a veces, para decir el mensaje, hay que buscar otras palabras.

Qué distinto del tono de la Iglesia jerárquica, patriarcal, que no las quiere ordenar.

Parte de la Iglesia tiene un problema con las mujeres. Quizá por miedo, porque no hay ningún argumento lógico ni teológico que justifique la exclusión de las mujeres de lugares de representatividad, ni que los hombres hablen 'de' las mujeres y no 'con' las mujeres.

"No hay ningún argumento lógico ni teológico que justifique la exclusión de las mujeres de lugares de representatividad"

¿Qué tal si se rebelan?

Hay tanta situación oscura y amenazante que pongo mi energía en que mis decisiones sean lo máximo de libres y amorosas, y no en luchar contra fantasmas enormes.

¿Cómo se ve el panorama desde la falda de Montserrat?

Es un momento crítico para el planeta y la humanidad. Hemos inventado cosas fantásticas como internet y la IA que podrían someternos. También veo a muchísima buena gente que recuerda lo que es importante, solo que no tienen voz.

¿Qué decirle a toda esa gente?

"Recuerda quién eres y actúa en consecuencia". Hay que atreverse a vivir el mundo que queremos ver y ponerlo al servicio de un proyecto que sea mayor que uno. Es lo que realmente da sentido.

"Recuerda quién eres y actúa en consecuencia"

No es tan fácil, abadesa.

Sabemos la importancia de dejarse querer, de amar, de crear y compartir belleza, de mejorar las condiciones de vida de la gente, de contar historias, de pintar recuerdos, de explorar sueños, de cantar, de construir. A veces no nos atrevemos a querer porque lo hemos casi enterrado por naíf o por no hacer el ridículo, y eso se va solidificando.

¿Para todo esto hace falta Dios?

Pasé por una época en la que creí que Dios era una invención para poder vivir mejor esta existencia contingente y finita. Pero me encontré encontrada. Sin buscarlo, me sentí querida, formando parte de algo más grande que yo y a la vez de una manera más íntima que yo misma. Si presto atención, siento el infinito y me viene alegría.

"Pasé por una época en la que creí que Dios era una invención para vivir mejor esta existencia contingente. Pero me encontré encontrada"

¿Todo el tiempo?

También me despisto, ¿eh? Por eso, en el monasterio hay una campana que recuerda que hay que rezar. La ritualidad es necesaria para ser consciente de la respiración, de lo que es importante.

¿Tiene momentos epifánicos?

Varios al día. Cuando veo a nuestras ancianas que se levantan y dan gracias por el nuevo día. O a mujeres con carreras que se atreven a hacer vida monástica. Mi capacidad de maravillarme con la vida tiene que ver con mi capacidad de quererme tal como soy.

Suena un tanto... individualista.

La mayoría de cosas importantes que nos pasan tienen relación con los otros. Mi deseo es que recordemos las posibilidades de ser humanos y se lo recordemos a las nuevas generaciones. Al final, lo que necesitamos es ser reconocidos y amados.

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