Libro:La caridad. El camino mejor en la amistad con Cristo
Juan José Pérez-Soba. La caridad. El camino mejor en la amistad con Cristo, editorial Didaskalos 2024. pp.300.
Juan José Pérez-Soba es licenciado en Teología Moral, Doctor en Teología para los estudios de matrimonio y familia, catedrático de Moral Fundamental en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso de Madrid, docente invitado por el Pontificio Instituto Juan Pablo II en Roma sobre estudios de matrimonio y familia y también en Valencia. Autor de numerosos libros y artículos en revistas especializadas, con estudios sobre la caridad, el amor como misterio, la fe que actúa por amor, la virtudes, la pastoral familiar, el amor propio de los esposos. Destacan sobre todo los dedicados a Moral, tanto a la Moral Fundamental como a su relación con la fe, la libertad, la escatología, la misión, etc.
El libro está compuesto por una introducción, seis capítulos y una conclusión.
En la introducción Pérez-Soba presenta la intención del libro que no es otra que reflexionar sobre la caridad y la amistad de Cristo desde una espiritualidad basada en un dialogo humano con Dios, que se manifiesta y se hace presente, y que se sirve del amor humano, especialmente en el amor esponsal, por ser el superior de los amores humanos, para mostrar ese Amor que transforma, que lleva a la plenitud y que se convierte en camino. El autor desde la psicología describe la experiencia humana del amor, sin banalizarla ni confundirla con el emotivismo, para descubrir lo más íntimo de Dios Amor, y como en ese descubrimiento se fundamenta la caridad, fuente inagotable de ese Amor que da al hombre un nuevo sentido a la vida, y le convierte en un hombre de comunión. Cristo es el camino, es fuente de vida y lleva a la plenitud, es mirar a Cristo en las acciones que realizó en la tierra en su camino hacia el Padre, para realizar ese mismo camino con esperanza.
En el capítulo primero analiza como Cristo nos revela la fuente del Amor como el mejor camino del hombre hacia Él. Ese Amor, que no se puede abarcar ni dominar, es un don deseado que el Espiritu Santo derrama en nuestros corazones, pero para recibirlo es necesario un disposición interior, que sepa dar respuesta inicial y que avance a la totalidad, a la Plenitud. Ese Amor no es humano porque solo la esencia de Dios es Amor, Amor originario, único y fundamento de todo amor, nos atrae y nos llama por nuestro nombre. Es un Tu que ama primero y se revela, cuyo fin es la unión personal profunda, y que pide una respuesta positiva a su presencia en nuestras vidas. En este camino el hombre, camino de purificación en el amor no como empeño personal, ÉL está siempre presente, y necesita discernimiento y fe. El amor verdadero se identifica con el origen de éste, porque es fuente de los actos; es único porque es un anhelo de verdad ,de belleza y de bondad; está siempre presente porque muestra del rostro de Dios; es la luz del del camino que pide la entrega total; es amor eterno; el fin del camino; el que lleva a la perfección porque da la hombre sobreabundancia y nuevas posibilidades. Es el Dios de la Alianza revelado como Amor.
El capítulo segundo analizado el origen divino del Amor, presenta los pasos para alcanzarlo y como el prójimo se convierte en ese camino. En el mandato del amor se pide “todo”, pide una respuesta en exclusividad, imposible para el hombre sin la presencia de Dios. Es una obligación al descubrir que se esta unido al otro y es un mandamiento porque Dios amó primero, da el don del amor y por tanto, puede mandar amor a los otros, al prójimo. El amor al prójimo se sostiene por el código de santidad, por la fidelidad de Dios a su pueblo se hace universal, no como altruismo donde el origen estaría en ti y no en Cristo, sino como caridad, como amistad que requiere reciprocidad, y al ser un don alcanza a todos aunque no se conozcan porque Dios tiene vínculo con todos. En ese amor a todos no se da el igualitarismo abstracto basado en un juicio racional sino en una relación afectiva, donde la igualdad se da por la fraternidad (basado en la paternidad de Dios) integrado en la diversidad. En ese amor a los demás se revela el misterio Trinitario, un amor que da un bien a la persona amada, es salir de uno mismo, hacia la otra persona. Con el conocimiento del Amor de Dios cambia el sentido de “prójimo”, ya no es el necesitado, sino el que está cerca del necesitado. La caridad como la amistad con Dios lleva a transmitir el bien que genera una comunión, ley de la nueva alianza donde se vencen las divisiones y se convierte al enemigo en amigo para realizar el Reino de Dios.
El capítulo tercero es una reflexión filosófica sobre el amor, y el autor lo presenta como la luz que ilumina el camino, despierta una atracción sublime que enciende el deseo humano (eros) y promete una perfección, pero este amor es imperfecto y no se puede aplicar a Dios porque Dios no necesita nada fuera de sí. Tradicionalmente se hablaba de dos amores, el eros y el ágape, y en este conflicto Juan José Pérez-Soba acude a San Agustín que llama amor tanto al eros como al ágape. Por tanto, no hay dos amores sino que la recepción del Amor divino que el hombre realiza humanamente tiene dos opciones, o a buscarse a sí mismo o a buscar a Dios, donde se da una conversión constante al don donado. El Amor se Dios se ha comunicado al hombre en la historia, llamada historia de salvación, y nunca parte de ideas sino de esa experiencia humana que es intervención amorosa libre, donde la presencia erótica está presente en la revelación con la metáfora nupcial de la Biblia. Ese amor ágape en el hombre produce una necesidad de apertura al otro, a lo sociedad, es decir a las micro- relaciones y las macro -relaciones comunicando el amor y la alegría a los demás; por tanto el amor cristiano tiene una dimensión sobrenatural, es una experiencia, la de Dios que se nos dona para transformamos y nos donemos a él y a todos.
En el capítulo siguiente presenta al amor como don, como fuente de vida. Jesús en el encuentro personal con la samaritana pone de manifiesto la acción salvadora del Hijo de Dios. En ese encuentro la palabra de Jesús enciende el deseo de amor verdadero en la mujer, quien responde a ese don, y Cristo la introduce en el misterio. Ese don, que es algo dado por el donante al donatario, donde se establece una relación personal exige una respuesta, agradecimiento, reciprocidad, porque ese acto de amor es gratuito y por tanto implica una responsabilidad, una intención de comunión y de donación a los demás. La hermenéutica del don explica que toda la existencia personal, se vive internamente en el corazón de la Trinidad y se fundamenta en una comunicación de Amor. Dios actúa dentro de nosotros desde la fuerza de la presencia y ese actuar transforma y une al hombre a Dios. Si no se responde a ese don reiteradamente conforma la historia de la humanidad marcada por el pecado, pero de la grandeza de ese don emerge el perdón debido al misterio de la misericordia. Este don también da esperanza porque el Señor se manifestará para siempre.
En el capítulo quinto muestra a la caridad como madre de todos los bienes. El autor insiste que solo el amor no justifica las acciones pero si es el motor que conduce a la acción, está en el principio de los afectos convirtiéndose en la base de toda moral. Si la caridad como virtud proviene de su capacidad de generar buenas acciones y dirigir todo el obrar cristiano al bien excelente, esta lo lleva a la felicidad completa. Pero necesita de la prudencia para ordenarse, porque se realiza siempre de modo humano integrando los distintos afectos, y no siempre produce el bien como amor de Dios; por tanto la caridad hace que la acción del hombre obedezca a los mandamientos, porque es una “obediencia de amor”, porque ilumina la vida en su camino a la plenitud y respondiendo a ese Amor se realiza una elección interpretada como un acto de conversión.
En el último capítulo, una vez analizada y reflexionada la caridad, presenta a la eucaristía como sacramento de caridad, fuente de santidad para los distintos estados de la vida de la iglesia. El Amor es el hilo conductor expresado en las acciones, y Jesucristo, en la última cena une la entrega del pan y el vino con la intención de permanencia y alimento para nutrirse, como fuente de vida, como edificación de comunión y como ayuda en las preguntas últimas del hombre. El significado único de la Eucaristía es el compromiso del Amor de Cristo que nos transmite vida, porque contiene al mismo Señor y renueva su entrega por nosotros. Es fuente de vida dentro de la comunión eclesial y en la misión personal de cada fiel. Es el Señor en la cruz de una vez para siempre. El autor resumen todo la Eucaristía como amor que atrae y nos hace vivir en su presencia, pidiéndonos entrega, y definiéndola con las palabras de Juan Pablo II: es un sacramento-presencia, un sacramento-sacrificio y un sacramento-comunión.
Es presencia divina. En el hombre hay una necesidad de responder al sentido de la vida y la respuesta a los deseos del hombre nos permite pensar la eucaristía como alimento, porque él con su amor nos transforma y nos toca en el corazón. Transformación que implica la caridad porque nos transforma en eso que recibimos.
Es sacrificio En la liturgia eucarística que en Cristo es acción de gracias al Padre porque le concede como don su propia entrega para siempre en la caridad, en este ofrecimiento estamos todos incluidos en Cristo en la Cruz, y en su valor redentor. Es una forma de temporalidad nueva en el que el memorial del pasado se hace activo y nos hace tender al futuro. Esta ofrenda nos lleva a obrar y vivir todo el absoluto divino al que aspiramos pidiendo una respuesta de amor en constante crecimiento desde ese sacrificio por amor al prójimo. Y que debe brillar por la acción de Dios.
Principio de comunión. El autor afirma que la Eucaristía crea comunión y educa a la comunión porque esa comunión es el efecto principal de este sacramento, a nivel eclesial y personal, fortalece la caridad en su parea de purificación, y se da la comunión con los santo. La eucaristía es fuente de vida y transforma la relaciones humanas, en la pluralidad de vocaciones que el Espiritu Santo plenifica, y esa caridad pastoral, conyugal o virginal son iguales por la filiación divina y por el bautismo. Esta caridad se expande a una visión universal y donde la visión social de la caridad es vital para la misión de la Iglesia en el mundo.
Al final el autor presenta tres conclusiones que resume todo lo analizado anteriormente: permanecer en el amor porque Él se ha revelado; permanecer en el amor porque el Amor divino es fuente y principio de salvación, una realidad que nos lleva a la plenitud, porque nos llena de esperanza mostrándonos el camino. Abierto en la correlación interna entre el amor filial y el esponsal que marcan la existencia del hombre yen él se nos revela el misterio de la caridad.
Es un libro denso de contenido porque el autor lo ha madurado a lo largo de su vida como lo demuestran sus artículos y libros, exige una lectura meditada y pausada a la vez que enriquecedora, aportando una visión nueva y original a algunos conceptos mal entendidos tradicionalmente en el ámbito de la moral cristiana. Todo el libro, dedicado por entero a explicar ese Amor originario donado al hombre tiene su culmen en la Eucaristía como sacramento de Caridad y fuente de santidad. No es un lectura lineal porque Juan José Pérez -Soba abre círculos concéntricos en cada capítulo y recurre una y otra vez a la idea central.
Está muy influido por el personalismo francés, porque pone como centro a la persona no como cosa, sino alguien con una afectividad como una dimensión central, dando primacía al actuar guiado por el amor, donde son necesarias las relaciones interpersonales, su actuación social para construir el bien común con una dimensión ascendente.
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