M. Schmaus y los ángeles, seres creados por Dios



M. Schmaus, Teología dogmática, Madrid 1961 (Rialp), II, 253-254. 

"Conviene no exagerar el poder que los ángeles pueden ejercer con respecto al hombre. Los ángeles no poseen poderes propios, independientes de Dios. Son seres creados por Dios y dependen de Él, tanto en lo que concierne al ser como al obrar. Por consiguiente, sólo pueden hacer lo que Dios les permite, Dios es su señor, lo mismo que de las demás criaturas. Su santidad no puede ser comparada con la de Dios, «¿Quién sobre las nubes semejante al Señor? ¿Quién semejante a Yavé entre los hijos de Dios? Es terrible Dios en la Congregación de los Santos, grande y formidable más que cuantos le rodean» (Ps. 89 [88],7 y sigs.). Véase Job. 4,17 y sigs.; 15,15. Los ángeles no poseen una esfera de acción propia; ellos son quienes ejecutan y cumplen los mandatos y deseos de Dios (Ps. 103,20 y sig.). Como todas las criaturas, los ángeles han sido creados también en atención a Cristo, de modo que Cristo es su señor y su cabeza (Col. 1,16). Para el que no conoce este estado de cosas, los ángeles pueden constituir un peligro (Rom. 8,38), en cuanto que ocupan en su fe el lugar que sólo le corresponde a Cristo. En Colosas, como nos dice San Pablo, se propagaron errores según los cuales Dios está tan lejos del mundo, es un ser de tal modo trascendente, que ni él puede acercarse al hombre ni el hombre puede ser elevado hasta Dios, de modo que el contacto entre Dios y el hombre tiene que manifestarse a través de los ángeles. San Pablo condena severamente estas doctrinas, y dice de sus defensores que son gente orgullosa, carnal (Col. 2,18 y sig.). Cristo está encima de todos los ángeles; éstos no son más que la corte de Dios, sus servidores e instrumentos, del mismo modo que el viento, el fuego y el rayo. Cristo es Rey y Señor (Hebr. 1,5 y sig.). San Pablo, al parecer, teme que la creencia en la grandeza de los ángeles pueda oscurecer la grandeza de Jesucristo, que falsos mediadores pasen a ocupar el lugar del único y verdadero Mediador, es decir, de Cristo

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