La bioética Del Transhumanismo O La bioideología Neoliberal”.
Brito Alvarado, Xavier, and Ana María Sedeño Valdellós. 2026. “La bioética Del Transhumanismo O La bioideología Neoliberal”. Andares: Revista De Derechos Humanos Y De La Naturaleza, no. 9 (January): 27-38.
El análisis del transhumanismo y su relación con las biotecnologías muestra que nos encontramos ante una encrucijada histórica: el ser humano, al expandir sus fronteras biológicas gracias a la tecnociencia, se enfrenta a dilemas éticos sin precedentes que redefinen lo que significa “ser humano”.
La transición hacia un horizonte poshumano no es solo un proceso técnico, sino un fenómeno profundamente cultural, político y económico que pone en riesgo la dignidad y la equidad social.
En primer lugar, este ensayo permite concluir que las biotecnologías no son neutrales, sino que se inscriben en matrices de poder. El auge del biocapitalismo y de las bioideologías neoliberales orienta la investigación hacia la mercantilización de la vida, anteponiendo los intereses corporativos al bienestar colectivo. Este desplazamiento plantea la amenazade un “apartheid biológico”, en el que los avances en biomejoramiento se conviertan en un privilegio de las élites económicas, lo que aumentaría de manera exponencial las brechas sociales y políticas.
Se evidencia que la bioética debe recuperar su rol crítico frente a la lógica del mercado. Ya no basta con discutir sobre la vida y la muerte en abstracto: es imprescindible abordar la forma en que las biotecnologías configuran nuevas formas de desigualdad, control social y vulneración de derechos
La bioética, en este sentido, debe concebirse como una disciplina interdisciplinaria, capaz de confrontar los discursos de poder y de construir horizontes normativos que defiendan la dignidad humana en contextos de acelerada innovación tecnológica.
Otro aspecto a resaltar es la necesidad de desmitificar el relato transhumanista. La narrativa de superación de los límites humanos encubre riesgos evidentes: la colonización del cuerpo y la conciencia por parte de corporaciones, la reducción del sujeto a mero portador de información genética y la instrumentalización de la vida como recurso económico. El ser humano no puede ser pensado únicamente como objeto de programación biotecnológica; se trata de un ser complejo cuya dimensión ontológica, ética y cultural excede cualquier pretensión tecnocrática.
Por último, la humanidad se enfrenta a una decisión ética colectiva. El dilema no es sobre el
tipo de tecnologías que queremos desarrollar, sino sobre qué tipo de humanidad queremos preservar y proyectar. Esta nueva etapa parece sacada de los escritos de Oscar Wilde, para quien las máquinas en condiciones favorables se encargarían de todo trabajo no intelectual.
La diferencia es que hoy el trabajo se expande también a lo intelectual
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