Ohanes en el diario de Teruel
Domingo, 1 de febrero de 2026

El amor a una tradición
viernes, 30 de enero de 2026 - 17:31
Por López Diéguez
He visitado el pasado fin de semana la localidad almeriense de Ohanes, un pueblo, a los pies de Sierra Nevada, que cuida de su bella tradición con una delicadeza que asombra. Y es que el toro ensogado de Ohanes no es solo un festejo taurino, si no que es un evento que aglutina historia, religión, cultura o sociología. Se lo resumo.
El toro, en sí, es una curiosidad: Una procesión de con la imagen de San Marcos recorre las calles de la localidad mientras, por otro lado, corren los toros, seleccionados para este acto. En ocho lugares de Ohanes, el toro y San Marcos se encuentran, y los mozos hacen reverenciar al astado ante el pendón que abre la procesión sanmarquera. Una procesión y un rito del culto al toro que se viene desarrollando desde, al menos, hace trescientos años.
De la fiesta de San Marcos se encargan los Mayorales, un grupo de jóvenes, hoy en día encabezados por Natalia Gutiérrez, que se desviven por mantener una tradición como antaño lo hicieran sus antepasados. Como lo hicieron en 1956, cuando decenas de vecinos fueron detenidos porque el propio pueblo realizó una procesión, la suya, que aquel año había sido prohibida. Como en 2003, cuando el pueblo consiguió la modificación de una norma que prohibía los festejos taurinos con animales de raza cruzada, como es costumbre en Ohanes, pueblo labrador.
Pero la fiesta comienza unos días antes, cuando los Mayordomos piden dinero para la caridad, y elaboran unos roscos que, el día 25 de abril, se repartirán tras correr los toros y devolver el santo a la iglesia. Esos roscos se comerán, se guardarán como una reliquia o se darán como alimento a los animales para protegerlos de enfermedades. También, desde 1850, una familia se encarga de producir dos roscas que irán a los pies de San Marcos durante toda la procesión.
Acaba la comitiva, res, pendón, San Marcos, banda de música y todos los participantes, a los pies de la iglesia, bajo una lluvia de claveles que caen desde el campanario. Claveles que, de nuevo, se guardarán durante un año como elemento mágico-sagrado de protección. ¡Qué maravilla haber conocido el cariño con lo que se mantiene esta única tradición!


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