Einstein a la diestra De Dios
Einstein a la diestra De Dios
por Fernando I. Ferrán
La figura de Albert Einstein sigue ocupando un lugar singular en el debate entre ciencia y religión. Su rechazo del Dios personal lo aleja claramente del teísmo tradicional de la tradición judeo
cristiana y de otras análogas, pero su profunda admiración por el orden racional del universo lo separa igualmente del ateísmo militante.
Su pensamiento puede describirse con cierta precisión como una forma de panteísmo inspirado en Spinoza, acompañado de una intensa sensibilidad hacia el misterio del cosmos. Einstein conservó el lenguaje religioso del asombro, pero prescindió de la idea de un creador personal.
Desde la perspectiva de un creyente, su posición resulta a la vez admirable y problemática. Admirable, porque reconoce la profundidad racional del universo y rechaza las caricaturas simplistas de la fe. Problemática, porque su identificación de Dios con el orden de la naturaleza deja sin respuesta una pregunta fundamental: por qué existe ese orden y por qué el universo es inteligible.
Tal vez el propio Einstein habría aceptado esta tensión. Después de todo, para él la ciencia no eliminaba el misterio del mundo; lo hacía aún más profundo.
Y quizá ese sea el punto donde creyentes y científicos pueden encontrarse: en el reconocimiento de que, incluso cuando el universo se vuelve comprensible, sigue siendo —en algún sentido decisivo— extraordinariamente misterioso.
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