La Pedagogía Franciscana: De la Identidad Histórica a las Capacidades Humanas
La Pedagogía Franciscana: De la Identidad Histórica a las Capacidades Humanas
La pedagogía franciscana no se limita a la transmisión de conocimientos técnicos, sino que se define como una "Paideia" o formación integral del ser. Como señala Restrepo Jaramillo (2020), este modelo se inserta en las políticas de educación superior modernas no como un esquema rígido, sino como un ethos que prioriza la relación entre ciencia y fe, buscando que el estudiante no solo "sepa", sino que "sepa ser" en comunidad.
Esta construcción del "ser" tiene raíces profundas. Hernández (2023) y Ortega Sánchez (2013) subrayan que la identidad franciscana se forjó históricamente —especialmente en contextos como la Nueva España— a través de una pedagogía de la evangelización que valoraba la dignidad del individuo y el testimonio. Hoy, ese "capital heredado" (Vásquez, 2021) se traduce en lo que Guerrero Lucero et al. (2025) denominan el desarrollo de "capacidades humanas" dentro de comunidades de práctica.
En este sentido, el aula se convierte en un espacio fraterno donde el aprendizaje es un acto de diálogo y respeto por la alteridad.
Finalmente, el Proyecto Educativo Bonaventuriano (2017) consolida esta visión al proponer una educación que responda a los retos contemporáneos desde la "minoridad" (humildad) y la fraternidad.
En conclusión, la bibliografía actual demuestra que la pedagogía franciscana sigue vigente porque desplaza el foco de la competitividad individualista hacia una formación humanista, donde la excelencia académica está intrínsecamente ligada al compromiso social y la ética del cuidado.
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