Ateísmo y soledad: Jean Paul Richter

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Ateísmo y soledad: Jean Paul Richter por Andrés Ortíz-Osés en www.periodistadigital .com del 5 /12/2015 afirma que el asociar la soledad  con el ateismo procede de Jean Paul Richter:


 "En su “Discurso de Cristo muerto”, este literato alemán presenta a Jesús desde lo alto del cosmos diciendo que no hay Dios. Se trata de un extraño sueño o pesadilla, que muestra precisamente lo que significaría la muerte de Dios: soledad existencial y desamparo esencial, sinsentido y absurdo, hundimiento del cielo en el mar. El Evangelio o buena nueva de la existencia de Dios se convertiría en Disangelio o mala noticia de la inexistencia de Dios, la cual conlleva la nada y lleva al nihilismo".

Dolores Romero López en La tercera ladera del discurso: poesía y cristología: Revista de Libros 01/11/1997, comenta que Olegario González de Cardedal para justificar que el Romanticismo no comprendiera que el poema de Jean Paul Richter era una afirmación absoluta de Dios, alude a la amputación que sufrió el texto al ser traducido al francés y publicado, junto a otros, en la obra de Madame Germaine de Staël De l'Allemagne (1814). 
Dicho cercenamiento dejó al texto de Jean Paul carente de su significado primitivo, siendo tradicionalmente vinculado al ateísmo. Para corregir la enmienda Olegario González de Cardedal ofrece por primera vez íntegra y en castellano la traducción de El discurso del Cristo muerto, a partir de la cual expone su lectura del reconocimiento de Cristo como salvador.
OGC presenta que  la autoafirmación excluyente del hombre frente a lo divino o sagrado,  y esto conduce al hombre en regirse en su propio dios creador y su ángel exterminador. Hace una critica del ateísmo tanto ilustrado como el romántico . El famoso Discurso de Richter es una crítica de la soledad del ateísmo, así como un encomio de la compañía de la religión. Y, en efecto, la religión acompaña al hombre no solo simbólica o espiritualmente, sino también social y eclesialmente.

 Según el creyente, sin Dios no hay sentido; pero el increyente matiza que no hay sentido trascendente, aunque sí inmanente. El peligro del creyente es entonces el trascendentalismo o supranaturalismo; el peligro del increyente es el inmanentismo o materialismo. Es la presencia y la ausencia de Dios,  donde el creyente proyecta la apertura o trascendencia, y el increyente el límite o inmanencia. El hombre es así un Doppelgänger, doble o dúplice, de acuerdo con la propia acusación de Richter, así como con la definición que Rilke ofrece del sentido humano: un sentido humano dual o dualizado (Zwiespalt).

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