Cuerpos ambiguos. Un estudio comparativo del status antropológico y político de las mujeres en las Cartas Pastorales y los Hechos Apócrifos de Pablo y Tecla



Cuerpos ambiguos. Un estudio comparativo del status antropológico y político de las mujeres en las Cartas Pastorales y los Hechos Apócrifos de Pablo y Tecla 

Luis Menéndez-Antuña

2016, Revista de Ciencias de las Religiones 


Resumen. 
Los estudios sobre las Cartas Pastorales (1 y 2 Timoteo y Tito) ponen de maniiesto que se trata de escritos compuestos en un contexto polémico. Por un lado, el autor pretende erigirse en legítimo heredero de la tradición paulina frente a otro tipo de teologías con las mismas pretensiones y, por otro, el escrito presenta una doctrina propia con importantes repercusiones para entender los roles de género en los inicios del cristianismo. El presente estudio toma como modelo de análisis la teoría de Mary Douglas acerca de la interrelación entre el cuerpo social y el cuerpo físico para comparar las visiones normativas de género de las Cartas Pastorales (CP) y de los Hechos Apócrifos de Pablo y Tecla (HchPlTe


A partir de las fuentes consideradas se puede concluir que los roles hegemónicos degénero tuvieron distintas lecturas en diversos grupos cristianos. 
Por un lado, seguíanvigentes las clásicas distinciones de género que asociaban a la mujer con el mundodoméstico, por otro lado, es posible demostrar que algunas mujeres de estratos sociales elevados alteraban estas convenciones. En el caso del cristianismo paulino ocurrió algo similar. Ciertamente, las mujeres en las comunidades recién fundadas encontraron en las prácticas y creencias cristianas caminos de emancipación. Sin embargo, el auténtico corpus paulino también muestra determinadas ambigüedades: se pretende evitar, por ejemplo, una práctica ascética que suponga una independencia total del paterfamilias y que lleve a un desafío de las estructuras comunitarias y sociales. 
No obstante, el patronazgo que ejercen algunas mujeres les permite acceder a puestos de responsabilidad sin que ello suponga conlicto alguno en el seno de la comunidad.

El modelo de Douglas ayuda a calibrar cómo los modelos sociales y comunitarios conluyen, se contradicen o se solapan. En el caso de CP se produce más bien un solapamiento cuya importancia para determinar el estatuto antropológico-político de las mujeres es de suma importancia: se tiende a asumir los roles de género imperantes en la sociedad grecorromana. Esto significa que el autor busca instaurar una organización en la que los límites externos sean permeables, y en el que el status de los miembros sea congruente con los valores dominantes. El status de la mujer según CP resulta, en este sentido, conforme a las exigencias sociales. Los rasgos femeninos que se presentan como normativos tienen que ver con el desempeño adecuado de sus funciones de madre y esposa. Todo comportamiento, actividad o actitud que ponga en peligro la conformidad con estos rasgos es considerado como peligroso y ha de ser reconducido. Los códigos domésticos en CP tematizan la socialización entre los miembros de grupo femenino a partir de la transmisión y de la enseñanza de las funciones socialmente sancionadas

Por su parte, corresponde al paterfamilias la adecuada vigilancia y control del mantenimiento de estas funciones. La normativa que afecta al varón también refleja una aceptación del ideal social. Las cualidades que se piden al responsable comunitario suponen una identiicación con los modelos de honor mayoritarios y la estigmatización de modelos alternativos. En este modelo de jerarquía asignada las diferencias de género son resaltadas con el objeto de hacerlas coincidir con los modelos que se dan fuera de la secta.

Las aportaciones de Douglas también muestran que un grupo en el que las funciones aparecen diferenciadas y jerarquizadas tiende a imponer un fuerte control sobre los cuerpos. No sorprende que en CP se hagan continuas referencias a los cuerpos de varones y mujeres. El modelo de cuerpo físico – cuerpo social – cuerpo teológico muestra que los indicadores que en el código doméstico hablan sobre el atuendo femenino o sobre el ejercicio de la sexualidad no son casuales y que han de ser tenidos en consideración a la hora de evaluar el status normativo que el autor busca imponer a las mujeres. Una estructura jerárquica no sólo establece diferencias en las funciones sino que impone una tematización de los espacios físicos, unas normas en el vestir y, en deinitiva, unos modos en que el cuerpo físico ha de comportarse para que la jerarquía funcione de forma coherente en todos los niveles. Es especialmente signiicativo que los oriicios corporales de las mujeres sean objeto de instrucción y aparezcan fuertemente regulados: la boca (vgr. en silencio, que no sea chismosa, que no enseñe…), las orejas (vgr. que no presten atención a doctrinas extrañas…), 
los órganos sexuales (vgr. que cumplan su promesa de viudas, que sean madres…) y todo ello cubierto con un atuendo prudente que las aleje de la mirada pública y que sea signo exterior del valor cultural de la vergüenza. Esta regulación de lo que entra y sale del cuerpo femenino es congruente con la regulación de los espacios en los que su cuerpo opera. Es decir, la tematización de los orificios corporales es coherente con los límites que se fijan en torno a los espacios privados y públicos (vgr. que no ande de casa en casa) y con las justiicaciones teológicas (vgr. Eva fue engañada, las mujeres son engañadas por los oponentes…). La reconstrucción de las prácticas y creencias de la heterodidascalia muestra que esta regulación no era la única posible y que los adversarios fueron capaces de elaborar un sistema menos permeable a la presión social y más paritario en las regulaciones de los cuerpos masculinos y femeninos.

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