TRANSHUMANISMO Y LA DISPUTA SOBRE EL CONCEPTO DE VIDA: ENTRE LA VIDA BIOLÓGICAY LA MUERTE DE LA MUERTE



Este artículo ayuda a reflexionar sobre el futuro de la humanidad, el concepto de finitud, en qué pasará con el hombre cuando se cambien todos los ámbitos en el que se está desarrollando la vida actual.
¿Existirá una discriminación de aquellos que tengan acceso a todas las nuevas tecnologías o biotecnológias, y aquellos que no puedan costearse esa prolongación de la vida? ¿Existirán derechos humanos tal como hoy los conocemos?, se dará por muerto un ser humano ¿cuándo se dará por muerto un ser humano que tenga todo el cuerpo convertido en máquina? ¿y qué finalidad tendrá esa vida?

Creo que este artículo deja muchas preguntas por responder

TRANSHUMANISMO Y LA DISPUTA SOBRE EL CONCEPTO DE VIDA: ENTRE LA VIDA BIOLÓGICAY LA MUERTE DE LA MUERTE 

Santiago Pich ; Fabio Zoboli; Elder Silva Correia y  Éverton Vasconcelos de Almeida 

RESUMEN: Una marca constitutiva del tiempo presente es la centralidad que adquiere la vida digital a partir de la emergencia del capitalismo de plataformas, o del capitalismo de vigilancia y del transhumanismo como ideología dominante de esta nueva época. En ese contexto, las formas de gobierno de la vida se transmutan, y la lógica algorítmica se vuelve dominante. La proliferación de dispositivos electrónicos que capturan datos sobre la vida de los individuos y las poblaciones se ha vuelto omnipresente, haciendo del capitalismo de vigilancia ese Big Other omnisciente de los actos, preferencias y deseos. La base científica encuentra su suporte epistémico en el desarrollo exponencial de las neurociencias y neurotecnologías, la biología molecular y las ciencias de la computación. Entendemos que Ray Kurzweil, mentor de la inteligencia artificial de Google, es una de las principales referencias del transhumanismo, siendo una de sus obras ejemplares “La medicina de la inmortalidad”. Interpelamos el texto para identificar en él los principales principios de la propuesta del transhumanismo. 

Conclusión

El concepto de vida, así como la intervención tecnocientífica sobre los vivos, particularmente en los humanos vivos (aunque no exclusivamente), es un eje central de la política moderna. Para el transhumanismo, la vida no puede pensarse únicamente desde la perspectiva biológica, en la línea clásica de la lógica evolutiva de la naturaleza, pues se hace necesario superarla mediante su apropiación y reinvención tecnocientífica, con la promesa de eliminar todo signo de muerte. Finalmente, consumar la muerte de la muerte. 

Puede ser que estemos situados en una bisagra epocal, un momento en el que solo vale la pena reinventar la vida a través de la biología molecular, las micro y nanotecnologías, la inteligencia artificial y las neurociencias. O, al menos, que se proyecte dos calidades de 

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F ó r um L i n g u í s t i c o , F l o r i a n ó p o l i s , v. 2 2 , p . 1 - 1 3 , 2 0 2 5 

vida: una vida de segunda categoría, reservada para quienes aún están en la esfera de la vida biológica, y una vida de primera categoría, derivada de la reinvención y nueva forma de organizar el mito del progreso. Esta nueva Vida es el resultado de las infinitas (literalmente) posibilidades de reinventar lo humano mediante la intervención en el ADN y la inmaculada, exacta, omnipotente, omnipresente y omnisciente capacidad de cálculo de la Inteligencia Artificial. En definitiva, la propuesta es artefactualizar la condición humana y la vida situada en el eterno (literalmente) progreso tecnocientífico; una vida natural reinventada por la tecnociencia, ahora en el horizonte de la eternidad, basada en la biología molecular, la nanotecnología, la inteligencia artificial y las neurociencias, basada en el juego del mercado y la gestión del individuo, como emprendedor de sí mismo. 

La vida es redefinida como un proceso cuantificable, centrada en su potencial para ser reconfigurada y mejorada. Se descarta la imprevisibilidad y la singularidad inherente a los vivos, adoptando una perspectiva dominada por la tecnología, en la que la vida es creada y sostenida mediante intervenciones biotecnológicas. De esta manera, el transhumanismo proclama el ocaso de la vida natural, integrándola completamente en un marco regido por la computación y la digitalización. En este sentido, se enfatiza la importancia de saberes científicos e individuales para reinventar la vida, promoviendo al individuo como emprendedor de su propia existencia bajo una lógica neoliberal. Esta visión reduce la vida a un conjunto de variables controlables, excluye la contingencia y profundiza las desigualdades sociales, dado que el acceso a estas tecnologías estaría limitado a una élite económica, perpetuando, así, una división entre mejorados y postergados. De igual modo, se afirma el imperativo del progreso capitalista, impulsado por los avances en nanotecnología, inteligencia artificial y neurociencias, al priorizar la innovación tecnológica por encima de las consideraciones ético-políticas, situando el desarrollo científico-tecnológico como una necesidad histórica dentro de la lógica del mercado capitalista. 

El discurso transhumanista se basa en una narrativa bélica que declara la guerra contra las tradiciones, contra la naturaleza y contra las visiones opuestas a la prolongación de la vida. Promueve una lógica binaria que exige transformaciones radicales e inmediatas para adoptar la reinvención biotecnológica, bajo una perspectiva neoilustrada y antropocéntrica que reduce la vida a aquello que la ciencia puede controlar y transformar. 

El transhumanismo, como movimiento que articula diferentes tecnologías emergentes con el fin último de la inmortalidad, nos hace sentir un tanto “tecno-religiosos”. Su proyecto de inmortalidad, motivado por el miedo (a la finitud) y el narcisismo (soy tan importante que nunca debería morir), surge de una paradoja: “pretender negar la muerte, pero sin preguntarse si la vida podría tener un sentido igualmente inmortal que justificase el empecinamiento en borrar la mortalidad” (Ierardo, 2018, p. 60). ¿Qué vida es pensable sin muerte? Y, al mismo tiempo, nos preguntamos: ¿Qué queda fuera del cómputo de la vida reinventada artefactualmente? El arte, la inutilidad, la comunidad, la pérdida de tiempo, el deseo, el placer.

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