Campo cubano de espiritualidades: Religiosidad mulata y Revolución socialista”,
Mayán-Fernández, Moisés. 2026. “Campo cubano de espiritualidades: Religiosidad mulata y Revolución socialista”, Journal of the Sociology and Theory of Religion, 18:69-94. DOI:https://doi.org/10.24197/12ztdg17
Resumen: Este artículo ofrece una descripción del campo cubano de espiritualidades, enfatizando en sus raíces europeas y africanas. La aproximación propuesta pretende actualizar las categorías para el estudio del marco socio-religioso insular. Para ello, se hace necesario asumir la crítica de nociones y conceptos que no han evolucionado a la misma velocidad que el escenario religioso local. Por lo tanto, partiendo de un enfoque cualitativo y de una exhaustiva triangulación de fuentes, se impugnan términos de profundo arraigo académico como sincretismo. En su lugar, la presente investigación se decanta por el empleo de clasificaciones como bricolaje y religiosidad mulata.
Acorde con los datos obtenidos en la Encuesta nacional sobre sentimientos religiosos de la población cubana, socializada en 1954 por la Asociación Católica Universitaria (ACU), el 72,5% de los cubanos participantes se identificaban como católicos. Al extender estas cifras parciales a la totalidad de habitantes, se concluiría que entre el 70-80% por ciento de la ciudadanía podría ser clasificada como católica por bautismo y afinidad cultural.
En el extremo opuesto, un 19% de los encuestados se declararía como sin religión, mientras un 6% engrosaría las filas del protestantismo.
Más de 65 años después de difusión sostenida del ateísmo y de restricción en el accionar público de las instituciones cristianas, el paisaje socio-religioso resultado de la Revolución socialista ha cambiado drásticamente.
Aunque localizar estadísticas fiables en el campo cubano de espiritualidades es otro de los colosales desafíos de las Ciencias Sociales, según el World Religion Database (2025) se estima que un 41% de la población actual presenta nexos institucionales con el catolicismo, aunque solo entre 1,5% y 5% asistirían de manera regular a la iglesia. Mientras los que se declaran como sin religión (hecho que no debe equipirarse automáticamente a “sin espiritualidad”) habrían aumentado hasta un 44%.
El debilitamiento institucional alentado por varias de las medidas políticas expuestas en este artículo, se ha traducido en la ampliación de esa franja demográfica donde prospera la religiosidad mulata.
Pese a que el campo cubano de espiritualidades es enriquecido de contínuo por la inserción de nuevas prácticas y expresiones de religiosidad, su morfología es evidentemente mulata. Esa mulatez la sustentan las manifiestciones más populares del catolicismo, ligadas a la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre (la Cachita de los cubanos) y el carácter exótico y resolutivo de las reglas de matriz africana, en particular de la santería. El tránsito de las sociedades cononial y repúblicana de una marcada identificación con el catolicismo, contrasta con el periodo revolucionario donde no es aconsejable referirse a una religión predominante o mayoritaria. Sin embargo, no sería un despropósito en absoluto expresarse en el lenguaje propio de las ciencias sociales apuntando a una religiosidad mulata y a sus ejes de proporción.
El cubano ejerce su derecho al bricolaje arrebatando contenidos religiosos del mercado a su disposición y conformando una espiritualidad muy personal, utilitaria y fluida. En esa emancipación de las insituticiones religiosas tradicionales, el individuo encuentra la materialización de su espiritualidad y se instala en un nuevo espacio de diálogo con lo trascendente. Como sujeto cultural se sincretiza a sí mismo, optando por los capitales teóricos y litúrgicos que se ajustan a su percepción de lo sagrado. Recibe más de lo que entrega; o sea, no permite la manipulación de su estilo de vida (moralidad, dieta y finanzas) por los especialistas religiosos, antes defiende la postura de creer a “su manera”.
Sin embargo, se ha observado durante las décadas iniciales del siglo XXI una tendencia al oscurecimiento de la religiosidad mulata, que se ha ido apegando a sus matrices africanas. Esta realidad no es suficiente aún para justificar una preeminencia social de los practicantes de cultos yorubas, sobre otras denominaciones religiosas.
La religiosidad mulata, ante el fenómeno de descatolización que experimenta no solo parte de Europa, sino también Cuba, podría derivar en religiosidad negrista o de orientación africana. Esa alteración de la morfología del campo local de espiritualidades, que en el contexto inmediato va conquistando signficativos espacios de visiblización social (con la anuencia del Gobierno), podrían ser obstaculizados por el empuje de las corrientes neo-pentecostales y carismáticas.
La vorágine secularizadora que comenzó a sacudir el país a partir de los años 60 del siglo pasado, encontró en la religiosidad mulata, una curiosa manifestación espontánea de la espiritualidad no institucional. Además, ese vínculo individual con lo trascendente que no dependía de intercesores humanos, ni de espacios cultuales físicos, salvaguradó la conexión del pueblo con lo sagrado, y como tal operó como un instrumento de resistencia cultural.
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