EL DILEMA DEL CRISTIANISMO
EL DILEMA DEL CRISTIANISMO
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(incluido en Ensayos filosóficos y artísticos, Dykinson, Madrid 2018, 29-40) Este artículo reflexiona sobre el sentido del cristianismo en nuestros días. Tanto las ciencias naturales como las ciencias sociales ponen en duda determinadas pretensiones de verdad que ha esgrimido históricamente esta religión. ¿Se encuentra por tanto abocado el cristianismo a convertirse en una reliquia del pasado? ¿Qué puede aún hoy decirnos desde el punto de vista filosófico y, más aún, humano? ¿Cuál es, en definitiva, la utilidad intelectual del cristianismo, más allá de su significado ético y de sus innegables dimensiones sociales? I. ¿Tiene hoy sentido el cristianismo? Para toda persona interesada en el futuro de nuestra sociedad, esta pregunta parece inevitable. La impronta del cristianismo en nuestro mundo occidental es incuestionable. Ya sea por la adopción de valores inspirados en este credo o por el rechazo explícito de muchos de sus principios y de sus aplicaciones prácticas, es imposible entender la cultura occidental sin tomar en consideración el impacto de la religión cristiana. Por tanto, todo debate sobre el porvenir del mundo occidental exige repensar el sentido del cristianismo y su viabilidad histórica. A lo largo de sus casi dos milenios de existencia, esta religión se ha visto obligada a encarar profundos desafíos, desde la caída del Imperio romano en el siglo V hasta los retos derivados de la crisis del orbe medieval, el surgimiento del Estado moderno y la Reforma protestante. De una u otra forma, de todos ellos logró siempre salir airosa. Por supuesto, experimentó incuestionables mutaciones, y en ocasiones resulta prácticamente imposible identificar elementos de estricta continuidad entre los modos en que se concebía el cristianismo en épocas tan dispares. Como toda religión y, en realidad, toda obra del espíritu humano, el cristianismo evolucionó y se adaptó a las nuevas circunstancias. En muchos casos incluso ha llegado a configurar decisivamente esas circunstancias. Empero, junto a los elementos de discontinuidad es siempre posible discernir rasgos preservados más allá de las grandes eras históricas; una esencia que trasciende, incontestablemente, las particularidades históricas en que se manifiesta.
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