Florecimiento humano


Balaguer, A. y Cueto, A. C. (2026). La triple conexión: hacia un modelo operativo de educación para el florecimiento. EA, Escuela Abierta, 29, 21-38. https://doi.org/10.29257/ea.3474 



El florecimiento humano o florecimiento describe el estado óptimo de la salud mental y del ser (Agenor et al., 2017; Huppert y So, 2013). Se le considera un estado en el que todos los aspectos de la vida de una persona son buenos (Kristjánsson, 2025; VanderWeele, 2017; VanderWeele y Hinton, 2024). 

Como término, ha resurgido recientemente como un paradigma popular del ideal de la vida humana buena en la ética de las virtudes contemporánea y la psicología positiva (Arthur y Peterson, 2025; Kristjánsson, 2017; Mountbatten-O’Malley, 2024). También se utiliza como un concepto paraguas para describir una vida que va bien (Agenor et al., 2017; Balaguer et al., 2025; Bernal y Naval, 2023; De Ruyter y Wolbert, 2020; Huppert y So, 2013; Kristjánsson, 2019; Willen et al., 2022). 
Constituye, por tanto, una combinación de sentirse bien y funcionar eficazmente. 

Sin embargo, el florecimiento no es una noción sencilla, sino compleja y multifacética, que combina elementos objetivos y subjetivos de bienestar (Agenor et al., 2017; Balaguer et al, 2025; Kristjánsson, 2025; Wolbert et al., 2019): abarca tanto el desarrollo continuo óptimo de los potenciales de la persona como vivir bien como persona (De Ruyter et al., 2020, 2022). Esto implica estar involucrado en relaciones y actividades significativas, alineadas con valores (De Ruyter et al., 2020, 2022). Se puede entender como el logro relativo de un estado en el que todos los aspectos de la vida de una persona son buenos, incluido el contexto social (VanderWeele et al., 2023; VanderWeele y Hinton, 2024). 
Por tanto, el florecimiento es un concepto híbrido, dependiente de la cultura y relativo al agente (De Ruyter et al., 2020, 2022; Ellyatt, 2022). A diferencia de la felicidad, que puede referirse a sentimientos experimentados en períodos cortos, el florecimiento implica una evaluación positiva de un período de tiempo más largo y de la calidad de vida en general. También es un estado dinámico de ser, en relación con los demás y con el mundo (De Ruyter et al., 2022). 

El concepto actual de florecimiento tiene profundas raíces en la filosofía antigua (Agenor, 2017; Arthur et al., 2024; Kristjánsson, 2020). En particular, de la eudaimonía aristotélica (Balaguer et al., 2025; Curren et al., 2024; De Ruyter et al., 2022). Históricamente, el florecimiento surgió en el pensamiento filosófico de los antiguos griegos (Arthur et al., 2024; Bernal y Naval, 2023). Aristóteles acuñó el término eudaimonía, que a menudo se traduce como “florecimiento humano” (Balaguer et al., 2025; Bernal y Naval, 2023; De Ruyter y Wolbert, 2020; Mountbatten O’Malley, 2024). 

Para Aristóteles, florecer (eudaimonía) es ejercer las virtudes y cumplir las capacidades con excelencia, para explotar al máximo de las propias potencialidades (Arthur et al., 2024). El bien del ser humano resulta ser una actividad del alma que exhibe virtud (De Ruyter y Wolbert, 2020; De Ruyter et al., 2022; Kristjánsson, 2017). La eudaimonía se considera como el fin último, punto y propósito –la “causa final”– de todo esfuerzo humano, constituyendo el estándar natural mediante de la actividad humana (De Ruyter y Wolbert, 2020; De Ruyter et al., 2022; Carr, 2021; Kristjánsson, 2023). Se persigue por sí misma y nunca en función de otra cosa (Bernal y Naval, 2023; De Ruyter y Wolbert, 2020; Schinkel et al., 2022). 

El florecimiento requiere desarrollar el potencial de la persona, asociándose con un proceso de continuo crecimiento y actualización (Bernal y Naval, 2023; Curen et al., 2024; De Ruyter y Wolbert, 2020; De Ruyter et al., 2020, 2022; Kristjánsson, 2017). La persona floreciente realiza una buena contribución a su entorno, a la vez que necesita de un entorno que le ayude a florecer (Balaguer et al., 2025; Gunawardena et al., 2020; De Ruyter et al., 2020, 2022). 
Las precondiciones internas incluyen la salud mental y física, mientras que las precondiciones externas incluyen la seguridad, la libertad, ser respetado y un entorno saludable (Balaguer et al., 2025). Las personas necesitan que se satisfagan las necesidades básicas humanas (como suficiente comida, agua, sueño, seguridad y libertad) antes de que sea posible florecer (Gunawardena et al., 2020; De Ruyter et al., 2020, 2022).

Otros factores clave para el florecimiento son el compromiso, el flujo y el carácter moral. El compromiso es un atributo del florecimiento que se equipara con el “flujo” (flow) (Agenor et al., 2017; Beale, 2025). El flujo es el estado o experiencia de rendimiento óptimo, donde una habilidad se extiende hasta sus límites mientras se participa en una actividad desafiante (Beale, 2025). Experimentar el flujo es un tipo de placer que acompaña la actividad virtuosa en el modelo aristotélico (Kristjánsson, 2025). Además, se requiere un carácter moral para saber qué propósitos son buenos y qué es una vida buena, más allá del funcionamiento psicológico óptimo (Bernal y Naval, 2023; Kristjánsson, 2016). El desarrollo del carácter moral (las virtudes) es un componente constitutivo del florecimiento (Balaguer et al., 2025; Bernal y Naval, 2023; Mountbatten O’Malley, 2024).

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