Gabriel Marcel, existencialista y personalista de Eugenio Molera
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Eugenio Molera, Licenciado en Filosofía, ha realizado un trabajo sobre MARCEL
1.Gabriel Marcel (1889 - 1973)
1.1.Pensamiento filosófico
2. Corporeidad-espiritualid
3.Dios
4.El Ser y el Tener
1.Gabriel Marcel (1889 - 1973)
Pensamiento filosófico
Un pensador con una intensa vida interior, llena de contradicciones, tal fue Gabriel Marcel (1889 - 1973), hijo único de un culto diplomático francés, agnóstico.
Su madre de origen judío, pero de religión protestante liberal al igual que su familia, muere cuando el niño Gabriel tenía cuatro años y, es educado cariñosamente más de una manera sofocante por su abuela materna y su tía materna que toma el lugar de la madre, incluso después se casa con el padre de Gabriel.
Un niño que crece sin amigos, pero rodeado de cultura, ya que su padre era aficionado al arte y le inculca esta afición a su hijo, a los siete años escribe su primera obra literaria y aprende a tocar el piano.
Se recibe de filósofo en la Sorbona.
Por influencia de su padre es ateo, pero vive en dos crisis terribles para Francia, su país, las dos guerras mundiales.
En la primera guerra mundial percibe que el mundo está roto la vida parece no tener sentido y quiere tener una explicación, un anhelo de trascender, un más allá después de la muerte y por influencia de amigos filósofos católicos (Du Bos y Mauriac) se convierte al catolicismo.
Para Gabriel Marcel, la presencia en la guerra fue una experiencia decisiva en su pensamiento filosófico, porque le hizo sentir dolorosamente el drama de la existencia humana. Esto es el argumento de sus dramas teatrales, donde tiene mucho éxito en Francia después de la segunda guerra mundial.
Es un filósofo de la existencia, aunque negaba ser existencialista, él decía que seguía la corriente personalista, aunque ésta no pretende ser un sistema filosófico, sino sólo una orientación general que defiende al hombre.
Más allá de ser clasificado dentro del género existencialista, Marcel es considerado como un filósofo personalista en cuanto a que insistió en la revalorización de la realidad personal de cada hombre.
Las claves del pensamiento de Gabriel Marcel tienen como punto de partida las vivencias experimentadas por el filósofo durante la primera guerra mundial. Dichas claves se determinan en primer lugar por el rechazo a la abstracción y a lo sistemático que le recordaban la esterilidad del idealismo inicial que caracterizaba su filosofía y en segundo lugar (pero no menos importante) por la experiencia y el pensamiento positivo.
Entre los principales puntos a desarrollar por el personalista, se encuentra la distinción que hace entre lo misterioso y lo problemático. Marcel define a problema como algo que se encuentra, que obstaculiza el camino y al misterio como algo en lo que la persona se halla comprometida, a cuya esencia pertenece y por consiguiente el no estar enteramente ante la misma.
2. CORPOREIDAD-ESPIRITUALIDAD
Otro elemento importante dentro de su reflexión filosófica reside en el lugar que a la corporeidad humana le otorga.
Rechaza toda posible visión instrumental del cuerpo humano con la afirmación “yo soy mi cuerpo”, y afirma que el hombre no tiene un cuerpo, sino que es cuerpo en el sentido de que éste forma parte de su ser y de su esencia. No posee un cuerpo al igual que posee determinadas cosas, sino que se relaciona con él de un modo totalmente peculiar que, entre otras cosas, le permite poseer determinados objetos.
Más allá de ser clasificado dentro del género existencialista, Marcel es considerado como un filósofo personalista en cuanto a que insistió en la revalorización de la realidad personal de cada hombre.
Dedicándose, entonces a estudiar profundamente a la persona; elaboró una serie de categorías que reflejaban la espiritualidad y el mundo interior de los hombres: disponibilidad, dación, responsabilidad, compromiso, apertura, intersubjetividad, presencia, vocación, respuesta, llamada, encuentro.
Marcel hizo hincapié en que todas las realidades ya mencionadas, están impregnadas por la libertad puesto que la persona es un ser que se construye a sí mismo en el camino de la vida, pero siempre considerando un punto de referencia. De esta manera, la libertad humana no es comprensible sin la referencia a algo más grande que ella.
Una de las categorías en las que el filósofo francés se centró fue la capacidad de recogimiento de la persona, es decir, de penetrar en su interior y con ello, de trascenderse. Es en este punto en donde se ubica el centro de su antropología; “ una consideración del hombre como imago Dei, como apertura y referencia a Dios, una dimensión que confiere a la persona un valor sagrado e inviolable y fundamenta de modo definitivo su dignidad.”
3.DIOS
Piensa que la existencia de Dios es un misterio:
“Existir es participar y solamente existo en cuanto participo en el misterio del ser. En el misterio ontológico. Y el hombre, abierto al misterio, rodeado de misterio, tiene abierto un sólo camino: el de la esperanza que conduce a la fe. La participación en el misterio ontológico es más claramente participación en el misterio que es Dios. En el fondo de nuestra alma vive una suerte de prueba de la existencia de Dios por la aspiración que en ella encontramos hacia la divinidad. La estructura misteriosa y esperanzada de nuestra naturaleza implica, por sí misma, la existencia de Dios.” (El misterio del ser, Gabriel Marcel)
Pero es criticada esta interpretación de Dios por Millán Puelles, dado que para él, Dios no es solo misterio sino sobre también realidad, por lo que cae en un cierto relativismo “En el siglo XX podemos tomar como ejemplo de relativismo moral a dos autores: Jean Paul Sartre que era ateo, por lo que no tomaba en cuenta el fin último (Dios) que perfecciona al hombre, por lo que creía en un relativismo total (todo es relativo a las circunstancias). Gabriel Marcel era católico, ponía como misterio el fin último del hombre (Dios), lo que lo hacía ser un relativista parcial, ya que el fin último del hombre (Dios) no es un misterio sino una realidad. (MILLÁN-PUELLES, Antonio, Ética y realismo, Capítulo II)
Su reflexión sobre Dios comienza con la existencia, pues considera que si la existencia no está en el origen no está en ninguna parte pero esta existencia es sólo el punto de partida de un proceso de ascesis o de elevación en busca de la trascendencia y del sentido, habiendo por tanto una valoración de lo esencial. En palabras del propio Marcel: (…) diré que el reconocimiento del misterio ontológico, donde yo veo el reducto central de la metafísica, sin duda sólo es posible de hecho gracias a una especie de irradiación fecundante de la revelación misma, que puede producirse perfectamente en el seno de almas ajenas a cualquier religión positiva; que este reconocimiento que se efectúa a través de ciertas modalidades superiores de la experiencia humana, no implica en modo alguno la adhesión a una religión determinada, pero permite sin embargo, a quien se ha elevado hasta él, entrever la posibilidad de una revelación de un modo muy diferente a como podría hacerlo quien, no habiendo rebasado los límites de lo problematizable, se queda más acá del punto en el que el misterio del ser puede ser advertido y proclamado (G. Marcel, 1949: 91 / 1987: 81-82).
La llamada del ser, la exigencia al individuo para que vaya más allá del egoísmo reduccionista del orden del tener y exista plenamente en encuentro con los demás, amando, siendo fiel y esperando, puede producirse en cualquier individuo, sea o no creyente. El anhelo o la exigencia de la participación en el ser, la experiencia de la trascendencia y del misterio, no implica una creencia en la divinidad. Y en este sentido la experiencia filosófica o metafísica y la experiencia religiosa son claramente distinguibles del ser puede presentir o prever de una manera más clara la divinidad de la trascendencia, está más predispuesto para recibir la gracia de la fe.
4. EL SER Y EL TENER.
Finalmente, Marcel hace una marcada diferencia entre el ser y el tener.
Criticaba al hombre contemporáneo por preocuparse fundamentalmente por tener cada vez más en vez de esforzarse por ser más ya que, esto no hacía más que agravar su crisis de sentido, puesto que en las cosas nunca se puede encontrar una plenitud existencial.
Para que la persona se redescubra a sí misma y se vuelva disponible ante el misterio del ser, debe efectuar un giro sobre sí misma e invertir la jerarquía que el mundo moderno y contemporáneo ha establecido con respecto a la categoría del tener y del ser.
Según la metafísica del tener se vale por aquello que se tiene y no por aquello que se es, y el mundo y los demás son exclusivamente objetos de una posesión. En opinión de Marcel, el origen y desarrollo de esta actitud tiene que ver con la mentalidad objetivante del racionalismo científico y técnico, para la cual el mundo aparece simplemente como un taller de trabajo y a veces como un esclavo adormilado. Aquel que posee intenta por todos los medios de mantener, conservar y aumentar lo poseído, pero al someterse ésta al desgaste y a las vicisitudes temporales, puede escapar, con lo que se convierte en el centro de los temores y de las ansiedades de aquel que aspira poseerla.
Lo más paradójico de esta situación, escribe Marcel en Ser y Tener, “Pero lo más paradójico de esta situación es que finalmente parece como si yo mismo me anonadara en este apego, que me dejara desaparecer en este cuerpo al que me adhiero; parece como si literalmente mi cuerpo me devorase, y lo mismo ocurre con todas mis posesiones que de alguna manera se hallan como en contacto o pendientes de él. De modo que —y esto constituye una visión nueva para nosotros— finalmente, el tener como tal parece tender a anularse en la cosa poseída inicialmente, pero que ahora absorbe a aquel mismo que creía en un principio disponer de ella. Parece ser propio de la esencia de mi cuerpo o de mis instrumentos tratados como objetos poseídos el tender a suprimirme a mí que los poseo” (G. Marcel, 1991: 118 / 2003: 152).
Así, bajo el signo del tener la realidad deja de ser vida, misterio y alegría creadora, y se transforma en una vorágine de objetos que absorbe inexorablemente a quien los quiere poseer. El mundo de la categoría del tener es el mundo de la alienación y de la preocupación, sin embargo, precisamente ante esta tragedia del tener, liberándome de la necesidad de poseer las cosas, puedo convertirme en un individuo disponible para el ser, haciendo a un lado la desesperación de no ser.
El hombre contemporáneo no se da cuenta de que le han robado su libertad, está anestesiado por la mentalidad científica, por el desarrollo de la tecnología y la cultura del tener, que prevalece en el mundo en el que vive, sin embargo, para Marcel, el hecho tan sencillo de vivir le parece maravilloso y afirma que el ser humano tiene en su poder la posibilidad de acoger o rechazar este mundo trágico.
Este poder es la esencia misma de la libertad del individuo. “La época contemporánea creo que se caracteriza por algo que podría llamarse, sin duda, desorbitación de la idea de función (…) El individuo tiende a aparecer ante sí mismo y también ante los demás como un simple haz de funciones (…) El individuo ha sido inducido a tratarse a sí mismo, cada vez más, como una suma de funciones cuya jerarquía se le aparece además problemática y, en todo caso, sujeta a las interpretaciones más contradictorias. En primer lugar, funciones vitales (…) En segundo lugar, funciones sociales: función de consumidor, función de productor, función de ciudadano, etc. Entre unas y otras hay lugar, teóricamente, para las funciones psicológicas. Pero en seguida se ve que las funciones propiamente psicológicas siempre tenderán a interpretarse, o bien en relación con las funciones vitales, o bien en relación con las funciones sociales, y que su autonomía será precaria, y su especificidad puesta en tela de juicio (G. Marcel, 1949: 46-47 / 1987: 23-24).
BIBLIOGRAFÍA
BLÁZQUEZ, Feliciano. La filosofía de Gabriel Marcel. Madrid: Encuentro, 1988.
Palabra, 1998.
MARCEL, Gabriel. El misterio del ser. Obras selectas. Volumen I. Madrid: BAC, 2002.
MARCEL, Gabriel. Ser y tener. Barcelona: Caparrós, 2003.
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