Introdución en Deus Caritas Est. Sobre el amor




1. «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). 

Se empieza a ser cristiano por el encuentro con una persona que amó primero al hombre y este reponde a Él

Problema de lenguaje: amor tiene muchos sentidos siendo el más sublime el amor entre un hombre y una mujer, donde intervienen el alma y el cuerpo.


Los griegos llamaron eros el amor entre hombre y mujer, que no nace del pensamiento o de la voluntad sino que se impone al ser humano, el Antiguo Testamento griego relega la palabra eros. 

En la critica al cristianismo se pone de manifiesto por esta forma de evitar el eros. Nietzsche afirmaba que el cristianismo dio veneno al eros ¿Pero es cierto esto? En las religiones se daba culto a la fertilidad, celebrando el eros como fuerza divina, como comunión divina. 

A lo que se opuso el Antiguo Testamento es a la derivación de ese eros, sin rechazarlo, pero sí hay que purificarlo y disciplinarlo. El ser humano está compuesto de alma y cuerpo, formando una unidad y no solo de cuerpo. 

Si se degrada a puro deseo, se convierte en objeto que se puede comprar y vender, denigrando a la persona

La fe cristiana, por el contrario, ha considerado siempre al hombre como uno en cuerpo y alma, en el cual espíritu y materia se compenetran recíprocamente, adquiriendo ambos, precisamente así, una nueva nobleza. Ciertamente, el eros quiere remontarnos «en éxtasis» hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación.


¿Cómo hemos de describir concretamente este camino de elevación y purificación? ¿Cómo se debe vivir el amor para que se realice plenamente su promesa humana y divina? Una primera indicación importante podemos encontrarla en uno de los libros del Antiguo Testamento bien conocido por los místicos, el Cantar de los Cantares. En el amor no se busca a sí mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aún, lo busca.Es entrega permanente


A menudo, en el debate filosófico y teológico, estas distinciones se han radicalizado hasta el punto de contraponerse entre sí: lo típicamente cristiano sería el amor descendente, oblativo, el agapé precisamente; la cultura no cristiana, por el contrario, sobre todo la griega, se caracterizaría por el amor ascendente, vehemente y posesivo, es decir, el eros. es necesario que ambos coincidan


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