Ohanes pueblo con encanto



El pueblo de Andalucía que sobrevivió a terremotos, guerras y siglos de historia y que es perfecto para una escapada otoñal



Fátima Cruz  Actualizado a 05/11/2025 21:00 CET

El núcleo urbano de Ohanes conserva ese encanto de los pueblos blancos de montaña andaluces

Cuando llega el otoño, con su luz tenue, sus hojas doradas y el aire más fresco, surge la oportunidad perfecta para una escapada tranquila. Y en el corazón de la Alpujarra almeriense, en Andalucía, en la ladera sur de Sierra Nevada y a más de 900 metros de altitud, se encuentra un pequeño municipio que ha sido testigo de terremotos, guerras, repoblamientos y toda una historia milenaria: Ohanes.

A poco más de 50 kilómetros de la capital provincial, su población ronda los 500 habitantes, lo que lo convierte en un pueblo recogido y fácil de recorrer a pie. Su paisaje combina terrazas cultivadas, barrancos y bosques de encina y castaño, y su trazado urbano de casas encaladas y calles empinadas conserva el carácter tradicional alpujarreño que espera cualquier visitante que busque autenticidad.

Ohanes ha sido cruce de civilizaciones desde la prehistoria y sufrió episodios que marcaron su fisonomía humana y material. Estas capas históricas quedan hoy escritas en la piedra y en monumentos como la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, cuyo artesonado mudéjar señala una reconstrucción y conservación a lo largo de los siglos.
Ohanes, patrimonio, rutas y naturaleza

El casco urbano de Ohanes ofrece contraluces perfectos en otoño: tinaos, balcones con flores, plazas pequeñas y miradores que abren la vista al valle del Andarax y, en días claros, hasta el Mediterráneo. Desde el pueblo parten senderos señalizados como los PR-A 248 y PR-A 249 que suben por parajes de viñedos en terrazas, bosques y roquedos hasta puntos altos como el Peñón de Polarda, techo local con panorámicas que justifican una escapada de fin de semana. Además, en la pedanía de Tices se conserva el santuario de la Virgen de Tices.

Además, la uva de Ohanes fue durante el siglo XIX y principios del XX un producto de prestigio y exportación, conocida por su conservación y por sus racimos generosos; esa tradición vitivinícola dejó un legado de parral y bodegas familiares que aún hoy forman parte de la identidad local. La economía del pueblo sigue descansando en el sector primario, con cultivos de regadío y secano que incluyen almendros, olivos y hortalizas, además de producciones ecológicas a pequeña escala. En la mesa se mantienen recetas íntimas y contundentes como el arrocillo y las correas, así como dulces tradicionales como las tortas de alfajor, que devuelven al visitante sabores de antaño.

Lee también

Ohanes es perfecto también para paseos tranquilos por sus calles empedradas, recorridos de senderismo por la sierra y encuentros con la memoria local en museos y plazas. En otoño, la mezcla de colores del paisaje, la menor afluencia y la recolección en los viñedos hacen que la experiencia sea más íntima: mañanas de niebla en el valle, tardes de luz cálida en los miradores y comidaecorrer a pie






Para aprovechar una escapada a Ohanes, conviene planificar dos o tres jornadas que permitan combinar la visita al pueblo con las rutas cortas. Es aconsejable llevar calzado cómodo y abrigo por las mañanas y noches otoñales, reservar con antelación si se busca alojamiento rural con encanto y aprovechar las ferias y fiestas locales si coinciden con la visita, pues son ventanas directas a la cultura material y gastronómica del lugar. Ohanes es un destino que recompensa la calma, el interés por el patrimonio y el gusto por los paisajes agrícolas, y en otoño ofrece una mezcla de luz, y silencio que lo convierte en un remanso perfecto para desconectar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Clasificación de valores en Ortega y Gasset

¿Qué es hierognosis?

diferencia entre Sinodo y Concilio