Más allá del funcionalismo psicológico
Más allá del funcionalismo psicológico: claves para una antropología de la madurez desde Luis María Mendizábal, S.I.
Juan Pardo de Santayana Galbis
Ecclesia. Vol. 40 Núm. 1
La psicología ante el concepto de madurez: una aproximación críticaA pesar de sus avances técnicos y su capacidad descriptiva, la psicología contemporánea muestra serias limitaciones a la hora de ofrecer una comprensión integral y normativamente válida de la madurez personal. La ausencia de una definición clara y unificadora del concepto dificulta no solo la investigación teórica, sino también la praxis del acompañamiento personal. Como ad-vierte Polaino1, «no disponemos de una definición rigurosa y ope-rativa para expresar de forma inconfundible, y de una vez por to-das, lo que queremos significar con el término madurez».Esta carencia no es meramente terminológica, sino epistemoló-gica. La psicología tiende a describir comportamientos asociados a la madurez –como la adaptación, la independencia o la estabi-lidad emocional– sin identificar el principio organizador que los articula. En lugar de partir de una visión sustancial del ser humano, muchas teorías adoptan criterios funcionales y adaptativos, lo que reduce el desarrollo personal a una eficacia contextual, desvincula-da de una plenitud objetiva.Además, la coexistencia de modelos divergentes dentro de una misma corriente psicológica revela una falta de consenso concep-tual. Por ejemplo, Carl Rogers y Carkhuff, ambos representantes de la psicología humanista, difieren profundamente: mientras el primero defiende una autorrealización espontánea del self2, el se-gundo subraya la necesidad de una estructura formativa externa3. 1 A. Polaino-LLorente,Madurez personal y amor conyugal. Factores psicológicos y psi-copatológicos, Rialp, Madrid 1990, 8.2 Cf. C.R. Rogers, El proceso de convertirse en persona. Mi práctica terapéutica, Paidós, Madrid 19927.3 R.R.Carkhuff,«Credo of a militant humanist», Personnel and Guidance Journal 5 (1972), 237-242.
Este artículo ha intentado mostrar cómo las principales corrientes psicológicas contemporáneas –especialmente aquellas marcadas por el emotivismo, el voluntarismo y el determinismo– presentan serias limitaciones para ofrecer una comprensión integral de la madurez humana.
Al absolutizar dimensiones parciales del sujeto, estas teorías fragmentan la visión del desarrollo personal y dificultan una pedagogía coherente del acompañamiento.Nos parece que frente a estos reduccionismos, la propuesta de Luis María Mendizábal ofrece una alternativa sólida y esperanzadora.
Su comprensión de la madurez como integración progresiva de las facultades humanas bajo el impulso de la caridad, su énfasis en la educación del corazón y su concepción pastoral del desarrollo moral, configuran una verdadera pedagogía del ser.
Esta visión, enraizada en la tradición filosófica y teológica clásica, permite superar la dicotomía entre psicología y espiritualidad, entre desarrollo personal y vocación trascendente
.El pensamiento de Mendizábal dialoga críticamente con teorías psicológicas influyentes, al tiempo que ofrece claves renovadoras para la antropología, la educación moral y el acompañamiento espiritual. Su propuesta no niega los aportes de la psicología moderna, pero los reubica dentro de una antropología espiritual que reconoce la vocación del ser humano a la verdad, al amor y a la comunión.
Desde esta perspectiva, la madurez no se reduce a adaptación, equilibrio o autonomía, sino que se entiende como perfección del ser desde dentro: una transformación cordial que permite al sujeto vivir en la verdad de su vocación. Acompañar a las personas hacia esta madurez no implica aplicar técnicas, sino entrar con ellas en un camino de discernimiento, integración y donación, iluminado por la certeza de que amar es la forma más alta de ser.
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