El acercamiento progresivo de Habermas al cristianismo




El acercamiento progresivo de Habermas al cristianismo
¿Es la fe o es la razón la que está en crisis?


Por: Ángel Gutiérrez Sanz | Fuente: Catholic.net 





El 14 de marzo de 2026 nos dejaba Habermas, a los 96 años de edad, uno de los filósofos más influyentes de los últimos años, que será recordará como un pensador serio y sistemático, un hombre dialogante, abierto a la conciliación entre todos los hombres, a quien la Europa de nuestros días le debe su configuración intelectual. su larga vida tuvo tiempo de vivir las experiencias del nazismo, llegando a ser miembro de las Juventudes Hitlerianas, alumno de Theodor W. Adorno. Con su muerte desaparece el último representante destacado de la Escuela de Fráncfort, que tenía como objetivo principal el análisis crítico de la sociedad, con la intención de transformarla y poner a salvo a los seres humanos de todo tipo de opresión, pero no es esto lo que ahora nos interesa resaltar del personaje, sino que lo que intentamos mostrar es justamente su opinión en torno a la función que corresponde a la religión en el ámbito de la sociedad contemporanea y las aportaciones cristianas más significativas, aspecto éste, en el que Habermas fue de menos a más, hasta el punto de que en su última etapa, se muestra bastante favorable a la religión, otorgándole un papel relevante que jugar en la modernidad occidental, aunque él personalmente no estuviera abierto a la trascendencia ni tampoco a la verdad revelada. A pesar de que Habermas no fue un cristiano confesional, supo entender, eso sí, la influencia beneficiosa del cristianismo en la sociedad occidental. El aprecio del maestro Habermas por todo el potencial cristiano no deja lugar a dudas, sobre todo en lo referente a la ética y a la moral, de modo que, aunque los estados sean laicos o aconfesionales, se hace necesario reconocer el legado de una prolongada tradición cristiana. 

Es evidente que el cristianismo, en esta sociedad "postsecular" que Habermas propone, ha de ser tomado en consideración y a la hora de plantearse la relación que debe existir entre el pensamiento posmetafísico y las tradiciones religiosas, el cristianismo no queda en mal lugar. Para empezar, habría que decir que, la comunicación universal cristiana fruto de la gracia, es un valor muy apreciable y que no son pocos los conceptos de contenido religioso traspuestos al lenguaje filosófico, como por ejemplo persona, esencia, libertad, justicia, derecho, emancipación. Conviene tener presente, que el cristianismo durante siglos ha sido el nutriente de la cultura de occidente. En razón de esto es por lo que Habermas piensa que no se ha agotado este suministro religioso y es bueno que continue y debiéramos seguir contando con él, lo cual obliga a plantearnos cómo han de relacionarse entre sí el pensamiento posmetafísico, las ciencias y la religión. De una parte, el pensamiento posmetafísico debiera evitar la subordinación a la ciencia y de otra parte debiera mantenerse la diferencia entre conocimiento y fe. En otro oren de cosas , bueno sería también comenzar distinguiendo lo que es y representa la secularización del poder y la secularización de la sociedad civil, porque son dos realidades diferentes. La secularización del poder estatal lo vemos reflejado en un conjunto de deliberaciones emanadas de las instituciones estatales, que al final acaban en decisiones que afectan a la colectividad. Tal poder estatal debe estar al margen de las influencias religiosas, lo que quiere decir que Iglesia y Estado deben caminar por separado, tal como se viene entendiendo en el magisterio postvaticano. En este sentido, las orientaciones conciliares del Vaticano II, son recibidas por Habermas como un logro que debiera mantenerse. 

Por lo que respecta a la secularización de la sociedad civil, la cosa cambia. En este espacio, Habermas piensa que debe haber pluralidad. Dentro ya de la sociedad civil, tanto las cosmovisiones religiosas como las cosmovisiones seculares, deben ser tratadas con respeto, sus voces han de ser escuchadas y nunca silenciadas, de modo que el ciudadano, creyente o no, pueda expresarse libremente en el ámbito de la esfera pública. La única limitación que Habermas pone es la derivada de lo que él llama "lingüistización de lo sagrado", que exige a los cristianos utilizar un lenguaje inteligible a todos los ciudadanos y si preciso fuera, han de ser traducidos convenientemente, para que puedan ser entendido, por todos. Traducir los argumentos religiosos a un lenguaje secular es una exigencia de Habermas al interlocutor religioso, para posibilitar que el debate público discurra por cauces democráticos y no dogmáticos. El lenguaje religioso, debidamente traducido al lenguaje secular, puede incluso entrar a formar parte de las deliberaciones institucionales estatales que puedan acabar afectando a la ciudadanía. Si ello se hace así, entonces llegamos a la conclusión de que incluso en el ámbito de lo político, de alguna manera, aunque sea de forma indirecta, el lenguaje religioso podía tener cabida. En definitiva, lo que busca Habermas es un diálogo en el que lo que se imponga no sea la fuerza del poder ni el dogmatismo religioso, sino la contundencia de los argumentos esgrimidos. Esta reflexión resulta especialmente oportuna en un momento como el actual, en que la fuerza y no la escucha, parece que es la destinada a gobernar el mundo. Al final uno no puede por menos que sorprenderse de que haya tenido que ser Habermas, máximo exponente de la razón secular en nuestro mundo, quien se haya convertido en el defensor de la necesidad de la religión en la vida pública, seguramente porque los acontecimientos históricos de los últimos tiempos han venido a demostrar que, la razón postmetafisica y el progreso siguen necesitando de una referencia superior, en orden a construir una sociedad más justa y humana.
El encuentro de nuestro personaje mantenido con el cardenal Ratzinger (Benedicto XVI), allá por enero de 2024 en la Academia Católica de Babiera, sirvió para poner de manifiesto que, frente a la crisis moral y espiritual de occidente, el cristianismo tiene mucho que decir. Habermas, sin renunciar a su talante secular, se vio obligado a reconocer que la religión estaba llamada a jugar un papel importante en la vida pública, así mismo reconoció igualmente que la razón secular no había podido suplir el vacío antropológico producido por la usencia de fe, con lo cual, la proclamada autosuficiencia de la razón secular quedaba en entredicho. Seguramente este fue el motivo que obligaría a Habermas a incorporar la religión en el proceso discursivo. Todo lo dicho da pie para preguntarse finalmente.
 ¿Es la fe o es la razón la que está en crisis?

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